Una
noche de tempestad, dos semillas de nogal cayeron al lodo, inmediatamente se
hundieron entre la húmeda tierra. Una de ellas se acomodó lo mejor que pude
ante su nueva situación y comenzó a nutrirse de la tierra y agua que la
acogían. La otra, no se sintió tan cómoda en sus nuevas circunstancias y se
quejó amargamente:
-¿Por qué me lanzaron de mi árbol?
Yo era feliz en mi lugar y ahora estoy mojada, llena de lodo y sepultada en
esta terrible oscuridad. Sáquenme de
aquí, lo exijo.
La otra semilla la miró con
incredulidad y después de un momento le dijo:
-Creo que no estás en condiciones de
exigir nada, eres una semilla y este es tu destino.
-Estás loca, mi destino es ser un
árbol enorme y hermoso, no una semilla sepultada en el fango frío y oscuro. Yo
pertenezco al contacto del viento y a su delicado aroma, no al pestilente olor
del inframundo. Mi vida es ver el cielo en su esplendor, el sol, las estrellas,
la lluvia, no vivir enterrada en la oscuridad de esta tumba.
-Te han informado mal, es verdad que
tu destino es todo lo que me acabas de decir, pero antes de alcanzarlo debes
estar sepultada en la tierra. Es como si murieras para tener una vida mejor.
-Que loca estás. Quédate si quieres
en este lugar húmedo y oscuro. Yo me niego a permanecer un instante más aquí.
Voy en busca de mi verdadero destino.
La semilla insensata se arrastró fuera del lodo a pesar de que la
semilla sabia trato de persuadirla por todos los medios.
Los días pronto pasaron, la semilla
sabia se convirtió en un pequeño brote gracias a los nutrientes de la tierra y
muy pronto llegó a ser un fuerte nogal con poderosas raíces que lo sostenían y
lo alimentaban. Un buen día, el nogal recordó a su compañera insensata y
preguntó a un árbol cercano si sabía algo de ella.
-Creó recordarla, -dijo el árbol-,
cuando salió del lodo gritó escandalosamente y según su propio decir llegaría a
ser grande y fuerte, el más bello y poderoso de los nogales, pero llegó un ave
y la devoró.
El nogal se entristeció al escuchar
eso y pensó en lo insensata que había sido su compañera, pues todas las
semillas tenemos un destino y es estar sepultadas en la tierra hasta llegar a
ser tan fuertes como para salir y crecer hasta llegar a ser un fuerte árbol.
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