martes, 20 de marzo de 2012

EL COFRE DE LAS FANTASIAS


 
En el desierto caminaba un hombre, la sed y el hambre lo agobiaban, casi lo hacían desfallecer. Sufriendo dio dos pasos más, tal vez fueron tres y se desplomó en la hirviente arena del desierto. El pobre hombre alzó su vista hacia el horizonte y pensó que moriría en ese desierto y nunca más volvería a ver a sus amados.
Estiró la mano como si quisiera tocar el horizonte y lo que tocó fue un pequeño cofre. El cofre tenía una inscripción gravada en su cubierta y decía así: “este es el cofre de las fantasías, ábrelo, ten una fantasía y al instante se concederá.”
El hombre abrió el cofre y tuvo la fantasía de estar en un enorme oasis. En seguida salió una brillante luz del cofre que envolvió al hombre y lo llevó al interior del cofre. Dentro del cofre el hombre estuvo en un bello oasis, bebió toda el agua que pudo y se alimento de los cocos y dátiles de las palmeras. También nadó durante mucho tiempo en las frescas aguas del oasis y durmió bajo la sombra de los árboles.
El hombre llenó su cantimplora de agua y su mochila de alimento y decidió continuar con su viaje que lo llevaría al lado de sus amados. Caminó unos cuantos pasos y se topó con una enorme pared de metal que no lo dejaba salir, caminó al otro lado y se encontró otra gran pared de metal, miró hacia el cielo y solo vio otra pared de metal. El hombre se dio por vencido al darse cuenta que estaba atrapado en el cofre de las fantasías y que nunca podría salir de ahí.
Mil años  después,  una  caravana  cruzaba  por ese mismo desierto y un joven vio un brillo extraño a la distancia. Se bajó de su carreta y corrió hasta donde estaba el extraño brillo. El joven recogió el objeto y leyó la inscripción, era el cofre de las fantasías. El joven lo abrió y tuvo la fantasía de ser un apuesto príncipe, su palacio era enorme y bello y todas las riquezas eran sólo para él. La luz brillante salió del cofre y envolvió al joven, llevándolo al interior del cofre.
El joven estaba feliz dentro de su fantasía, había tanta riqueza, y todo era sólo de él, pero pronto se sintió solo y triste en su basto reino, pues no había nadie y quiso regresar a su caravana, pero se entristeció al enterarse que era prisionero eterno de su propia fantasía. Las personas que viajaban en la caravana buscaron al joven, pero jamás lo encontraron, ni a él, ni al cofre.
Mil años después construían una carretera por el desierto y al excavar, uno de los obreros encontró el cofre. Leyó la inscripción y abrió el cofre, él tuvo la fantasía de estar en un harem con cien mujeres y mucho vino y comidas exóticas, inmediatamente la luz lo envolvió y lo llevó directo a su fantasía.
El obrero disfrutaba al máximo a las mujeres y al vino y a la comida, pero pronto se aburrió de estar con las mismas mujeres, de beber solo vino y de comer cosas tan extrañas. Al recordar a su mujer y a sus hijos lo invadió un sentimiento de nostalgia y quiso volver a su hogar, pero se dio cuenta de que no había forma de escapar de su harem. El pobre hombre casi enloqueció al sentirse esclavo de su gran fantasía.
Mil años después, una mujer conducía por la antiquísima carretera y de pronto uno de los neumáticos estalló. La mujer descendió del auto y al bajarse tropezó con un  objeto  metálico   semienterrado  en   la  arena.  La curiosidad hizo que la mujer desenterrara el objeto, era el cofre de las fantasías. La mujer tenía duda en su fantasía, no sabía si pedir un neumático nuevo o estar en su casa, pero al fin se decidió por una tercera opción. Ella quería ser la mujer más bella del mundo y ser admirada y venerada por todos. La luz etérea salió del cofre, envolvió a la mujer y la llevó al centro del cofre. Al estar dentro del cofre la mujer se encontró en un cuarto de espejos, se miró en cada uno de ellos y se admiró por su impresionante belleza, su rostro y su cuerpo eran simplemente perfectos.
La mujer salió del cuarto de los espejos con gran seguridad, pero pronto se volvió infeliz, pues nadie hablaba con ella y nadie la apreciaba por lo que era, todas las personas la miraban de lejos con gran admiración, pero de lejos, así como se mira a la más bella y costosa muñeca de porcelana. La mujer quiso volver a su casa al sentir tan inmensa soledad, pero las frías paredes de metal del cofre se lo prohibieron, era una esclava de su fantasía.
Pasaron otros mil años y en una noche estrellada, un hombre caminaba por el desierto en compañía de su pequeño hijo y le explicaba que por donde caminaban había existido hacía muchos años ya, una carretera. De pronto el niño vio el cofre de las fantasías y lo tomó en sus pequeñas manos. El padre sacó una lámpara de su bolsillo y leyeron la inscripción, el padre iba a abrir el cofre, pero el niño le advirtió que en la parte inferior del cofre había otra inscripción. Ambos la leyeron y decía así: “el que pida una fantasía, quedará atrapado en su fantasía hasta que alguien más tenga la fantasía de liberarlos.” El padre y el niño pensaron que eso era muy extraño y decidieron tener la fantasía de liberar a los prisioneros.
El cofre se abrió y salió una luz tan poderosa que iluminó la noche  del desierto,  los animales  pensaron que había salido el sol, sólo que ahora brillaba con más intensidad que otros días. La luz duró iluminando el desierto por varios minutos y cuando cesó quedaron esparcidos los cuerpos de los prisioneros por todo el desierto.
Poco a poco fueron recuperando el conocimiento. El primer hombre dijo a su salvador:
-Estoy inmensamente feliz pues mi encierro era ya de cuatro mil años, mi oasis se volvió una prisión, pero ahora que soy libre te seguiré a cualquier parte pues no tengo a donde ir, porque todos mis amados son polvo en el olvido.
El joven, con una mirada aturdida dijo:
-Yo también te seguiré, mi encierro es de tres mil años y mi caravana se ha marchado a la eternidad y no tengo a donde ir, ahora que soy libre de mi palacio.
El obrero dijo:
-El cansancio del vino y las mujeres era todo un infierno para mi alma, hace dos mil años que soy esclavo de ese cofre. Ahora que soy libre, ¿Qué es lo que haré? Mi familia y mi casa ya no existen, así que yo también te seguiré por donde vayas.
Por último habló la mujer y dijo:
-Mi encierro era de mil años a penas, pero mil años también es mucho tiempo y mi familia ya ha de haber muerto, por lo tanto tampoco tengo a donde ir. No volveré al cofre, allí fui muy infeliz encerrada en mi belleza, así que yo también iré con ustedes a donde vayan.
El niño y su padre estaban sorprendidos por lo que los esclavos del cofre les contaban, pero no querían que aquellos los siguieran por todas partes. El niño tuvo una maravillosa idea, usarían de nuevo el cofre de las fantasías para  volver  a  su  época  de  origen  y  continuar  su  vida normal. Todos juntos tuvieron esa fantasía y cada uno volvió a su tiempo y se encontraron con sus amados y nunca más volvieron a usar el cofre.
El niño y su padre cerraron el cofre de las fantasías, lo amarraron con cadenas y lo arrojaron a un profundo lago. Pensaron que el cofre era una maldición y si querían ver cumplidas sus fantasías lucharían por ellas sin utilizar nada mágico.
 

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