En el desierto caminaba un
hombre, la sed y el hambre lo agobiaban, casi lo hacían desfallecer. Sufriendo
dio dos pasos más, tal vez fueron tres y se desplomó en la hirviente arena del
desierto. El pobre hombre alzó su vista hacia el horizonte y pensó que moriría
en ese desierto y nunca más volvería a ver a sus amados.
Estiró la mano como si quisiera tocar el horizonte y lo que tocó fue un
pequeño cofre. El cofre tenía una inscripción gravada en su cubierta y decía
así: “este es el cofre de las fantasías, ábrelo, ten una fantasía y al instante
se concederá.”
El hombre abrió el cofre y tuvo la fantasía de estar en un enorme
oasis. En seguida salió una brillante luz del cofre que envolvió al hombre y lo
llevó al interior del cofre. Dentro del cofre el hombre estuvo en un bello
oasis, bebió toda el agua que pudo y se alimento de los cocos y dátiles de las
palmeras. También nadó durante mucho tiempo en las frescas aguas del oasis y
durmió bajo la sombra de los árboles.
El hombre llenó su cantimplora de agua y su mochila de alimento y
decidió continuar con su viaje que lo llevaría al lado de sus amados. Caminó
unos cuantos pasos y se topó con una enorme pared de metal que no lo dejaba
salir, caminó al otro lado y se encontró otra gran pared de metal, miró hacia
el cielo y solo vio otra pared de metal. El hombre se dio por vencido al darse
cuenta que estaba atrapado en el cofre de las fantasías y que nunca podría
salir de ahí.
Mil
años después, una
caravana cruzaba por ese mismo desierto y un joven vio un
brillo extraño a la distancia. Se bajó de su carreta y corrió hasta donde
estaba el extraño brillo. El joven recogió el objeto y leyó la inscripción, era
el cofre de las fantasías. El joven lo abrió y tuvo la fantasía de ser un
apuesto príncipe, su palacio era enorme y bello y todas las riquezas eran sólo
para él. La luz brillante salió del cofre y envolvió al joven, llevándolo al
interior del cofre.
El joven estaba feliz dentro de su fantasía, había tanta riqueza, y
todo era sólo de él, pero pronto se sintió solo y triste en su basto reino,
pues no había nadie y quiso regresar a su caravana, pero se entristeció al
enterarse que era prisionero eterno de su propia fantasía. Las personas que
viajaban en la caravana buscaron al joven, pero jamás lo encontraron, ni a él,
ni al cofre.
Mil años después construían una carretera por el desierto y al excavar,
uno de los obreros encontró el cofre. Leyó la inscripción y abrió el cofre, él
tuvo la fantasía de estar en un harem con cien mujeres y mucho vino y comidas
exóticas, inmediatamente la luz lo envolvió y lo llevó directo a su fantasía.
El obrero disfrutaba al máximo a las mujeres y al vino y a la comida,
pero pronto se aburrió de estar con las mismas mujeres, de beber solo vino y de
comer cosas tan extrañas. Al recordar a su mujer y a sus hijos lo invadió un
sentimiento de nostalgia y quiso volver a su hogar, pero se dio cuenta de que
no había forma de escapar de su harem. El pobre hombre casi enloqueció al
sentirse esclavo de su gran fantasía.
Mil años
después, una mujer conducía por la antiquísima carretera y de pronto uno de los
neumáticos estalló. La mujer descendió del auto y al bajarse tropezó con
un objeto metálico
semienterrado en la
arena. La curiosidad hizo que la
mujer desenterrara el objeto, era el cofre de las fantasías. La mujer tenía duda
en su fantasía, no sabía si pedir un neumático nuevo o estar en su casa, pero
al fin se decidió por una tercera opción. Ella quería ser la mujer más bella
del mundo y ser admirada y venerada por todos. La luz etérea salió del cofre,
envolvió a la mujer y la llevó al centro del cofre. Al estar dentro del cofre
la mujer se encontró en un cuarto de espejos, se miró en cada uno de ellos y se
admiró por su impresionante belleza, su rostro y su cuerpo eran simplemente
perfectos.
La mujer salió del cuarto de los espejos con gran seguridad, pero
pronto se volvió infeliz, pues nadie hablaba con ella y nadie la apreciaba por
lo que era, todas las personas la miraban de lejos con gran admiración, pero de
lejos, así como se mira a la más bella y costosa muñeca de porcelana. La mujer
quiso volver a su casa al sentir tan inmensa soledad, pero las frías paredes de
metal del cofre se lo prohibieron, era una esclava de su fantasía.
Pasaron otros mil años y en una noche estrellada, un hombre caminaba
por el desierto en compañía de su pequeño hijo y le explicaba que por donde
caminaban había existido hacía muchos años ya, una carretera. De pronto el niño
vio el cofre de las fantasías y lo tomó en sus pequeñas manos. El padre sacó
una lámpara de su bolsillo y leyeron la inscripción, el padre iba a abrir el
cofre, pero el niño le advirtió que en la parte inferior del cofre había otra
inscripción. Ambos la leyeron y decía así: “el que pida una fantasía, quedará
atrapado en su fantasía hasta que alguien más tenga la fantasía de liberarlos.”
El padre y el niño pensaron que eso era muy extraño y decidieron tener la
fantasía de liberar a los prisioneros.
El cofre se
abrió y salió una luz tan poderosa que iluminó la noche del desierto,
los animales pensaron que había
salido el sol, sólo que ahora brillaba con más intensidad que otros días. La
luz duró iluminando el desierto por varios minutos y cuando cesó quedaron
esparcidos los cuerpos de los prisioneros por todo el desierto.
Poco a poco fueron recuperando el conocimiento. El primer hombre dijo a
su salvador:
-Estoy inmensamente feliz pues mi encierro era ya de cuatro mil años,
mi oasis se volvió una prisión, pero ahora que soy libre te seguiré a cualquier
parte pues no tengo a donde ir, porque todos mis amados son polvo en el olvido.
El joven, con una mirada aturdida dijo:
-Yo también te seguiré, mi encierro es de tres mil años y mi caravana
se ha marchado a la eternidad y no tengo a donde ir, ahora que soy libre de mi
palacio.
El obrero dijo:
-El cansancio del vino y las mujeres era todo un infierno para mi alma,
hace dos mil años que soy esclavo de ese cofre. Ahora que soy libre, ¿Qué es lo
que haré? Mi familia y mi casa ya no existen, así que yo también te seguiré por
donde vayas.
Por último habló la mujer y dijo:
-Mi encierro era de mil años a penas, pero mil años también es mucho
tiempo y mi familia ya ha de haber muerto, por lo tanto tampoco tengo a donde
ir. No volveré al cofre, allí fui muy infeliz encerrada en mi belleza, así que
yo también iré con ustedes a donde vayan.
El niño y su
padre estaban sorprendidos por lo que los esclavos del cofre les contaban, pero
no querían que aquellos los siguieran por todas partes. El niño tuvo una
maravillosa idea, usarían de nuevo el cofre de las fantasías para volver
a su época de
origen y continuar
su vida normal. Todos juntos
tuvieron esa fantasía y cada uno volvió a su tiempo y se encontraron con sus
amados y nunca más volvieron a usar el cofre.
El niño y su padre cerraron el cofre de las fantasías, lo amarraron con
cadenas y lo arrojaron a un profundo lago. Pensaron que el cofre era una
maldición y si querían ver cumplidas sus fantasías lucharían por ellas sin
utilizar nada mágico.
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