El
perro más sabio del barrio correteaba efusivamente las llantas de cuanto
automóvil pasaba. Un gato lo observaba con atención y pensaba en lo estúpido
que se veía.
-Oye perro, no puedo creer que tú,
siendo el perro más sabio del barrio, estés correteando las llantas de los
autos.
-¿Qué tiene eso de malo?
-Es estúpido, nunca las vas a
atrapar.
El perro se quedó pensando en que
eso era verdad y dejó de corretear las llantas. Un instante después, desde una
ventana cayó una bola de estambre, el gato al verla dio un salto de emoción y
se puso a jugar con ella de una forma estúpida. El perro pronto se olvidó de la
conversación que había tenido con el gato y siguió en lo suyo.
Así pasaron el resto del día, el
gato con su bola de estambre y el perro correteando llantas.
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