El día terminó, una lágrima lo ahogó. Y en el centro de la oscuridad se
negó a huir de las gotas frías que del cielo caían.
Parado
frente al pequeño monte de tierra cubierto de flores gritó:
-¡OH!
Frías cruces y sepulcros olvidados, hoy tendrán lo que he perdido, a ustedes
llegará lo que de mí ha partido.
Y
lloraba, y lloraba, con sus ojos y su voz, pero en la soledad, nada sucedía. Y
la noche cada vez más oscura y las gotas más frías le anunciaban la partida,
pero… ¿cómo podrá un hombre irse a vivir su vida si deja sepultado a su
corazón?
De
nuevo gritó:
-¡OH!
Frías cruces y sepulcros olvidados, si pudieran contar su historia.
Mas
han podido, porque cada gota de lluvia es una lágrima derramada por el cielo y
al reventarse en el polvo del suelo cuentan su historia.
Una
contó del amante que sepultó a su amada y la amargura que lo llevó al abandono;
otra contó de la Madre que dejó su vida dentro del pequeño que sólo vivió lo
suficiente para recibir un te amo; una más contó de la partida de toda una
familia; cada cruz contó su historia, cada sepulcro olvidado la suya y cada
gota, lágrima del cielo, contó su propia historia.
El
hombre seguía bajo la lluvia, en silencio, y las cruces le decían:
-Ve
a casa, que el sufrir aquí no resucitará a tu muerto.
Mas
el hombre contestaba:
-¿Cómo
podré irme si aquí dejo mi vida?
Y
los sepulcros olvidados le decían:
-Olvida,
que el tiempo te ha de dar su consuelo.
Pero
el hombre contestaba:
-¿Cómo
llegará el olvido si yo mismo he muerto?
Y
las gotas de lluvia le decían:
-No
llores más, que el cielo te protegerá.
Y
él contestaba:
-¿Cómo
me protegerá el cielo si llora mi propio llanto?
Y
todos enmudecieron y prosiguieron en su llanto.
El
día terminó. El hombre, de pie sobre un sepulcro recién abierto y después cerrado al dejar su corazón, lloraba, y el cielo lloraba junto a él.
Y
habló un sepulcro vacío junto al sepulcro recién llenado, y le dijo:
-Ve
a casa, trata de olvidar y ya no llores más, pues el cielo se ha compadecido de
ti y pronto recibiré lo que de ti parta, y moraras por siempre junto al
sepulcro de tu amada.
El
hombre se fue a su casa y dejó de llorar. Sigue esperando el día en que tenga
que llenar un sepulcro vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario