jueves, 1 de marzo de 2012

UN SEPULCRO VACÍO


 

El día terminó, una lágrima lo ahogó. Y en el centro de la oscuridad se negó a huir de las gotas frías que del cielo caían.
Parado frente al pequeño monte de tierra cubierto de flores gritó:     
-¡OH! Frías cruces y sepulcros olvidados, hoy tendrán lo que he perdido, a ustedes llegará lo que de mí ha partido.
Y lloraba, y lloraba, con sus ojos y su voz, pero en la soledad, nada sucedía. Y la noche cada vez más oscura y las gotas más frías le anunciaban la partida, pero… ¿cómo podrá un hombre irse a vivir su vida si deja sepultado a su corazón?    
De nuevo gritó:
-¡OH! Frías cruces y sepulcros olvidados, si pudieran contar su historia.
Mas han podido, porque cada gota de lluvia es una lágrima derramada por el cielo y al reventarse en el polvo del suelo cuentan su historia.    
Una contó del amante que sepultó a su amada y la amargura que lo llevó al abandono; otra contó de la Madre que dejó su vida dentro del pequeño que sólo vivió lo suficiente para recibir un te amo; una más contó de la partida de toda una familia; cada cruz contó su historia, cada sepulcro olvidado la suya y cada gota, lágrima del cielo, contó su propia historia.    
El hombre seguía bajo la lluvia, en silencio, y las cruces le decían:
-Ve a casa, que el sufrir aquí no resucitará a tu muerto.
Mas el hombre contestaba:
-¿Cómo podré irme si aquí dejo mi vida?
Y los sepulcros olvidados le decían:
-Olvida, que el tiempo te ha de dar su consuelo.
Pero el hombre contestaba:
-¿Cómo llegará el olvido si yo mismo he muerto?
Y las gotas de lluvia le decían:
-No llores más, que el cielo te protegerá.
Y él contestaba:
-¿Cómo me protegerá el cielo si llora mi propio llanto?
Y todos enmudecieron y prosiguieron en su llanto.   
El día terminó. El hombre, de pie sobre un sepulcro recién abierto y después  cerrado al dejar su corazón,  lloraba, y el cielo lloraba junto a él.
Y habló un sepulcro vacío junto al sepulcro recién llenado, y le dijo:
-Ve a casa, trata de olvidar y ya no llores más, pues el cielo se ha compadecido de ti y pronto recibiré lo que de ti parta, y moraras por siempre junto al sepulcro de tu amada.    
El hombre se fue a su casa y dejó de llorar. Sigue esperando el día en que tenga que llenar un sepulcro vacío.           
                        

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