viernes, 2 de marzo de 2012

COMPRENDÍ




Un momento de fragilidad entre tu vida y mi vida. Un momento de fragilidad, un momento y nada más. Suficiente, para romper los hilos que nos unían. Suficiente,  para matar ilusiones y acallar los sueños. Un momento de fragilidad.
            Cuando la luz de la luna acarició tu rostro y vi esa lágrima rodando por tu mejilla; no era lágrima de dolor o de ternura, sino de adiós, comprendí que era el momento de cerrar mis manos, que nunca más serían unas con las tuyas; comprendí que había llegado la hora de callar, de guardar ese silencio a la distancia de tus labios, de ya no rogar, de no implorar más perdón; comprendí que la fuente de mis ojos sería seca, que ya no lloraría más por ti, por tu amor; comprendí que los suspiros de mi alma morirían, que nunca más mi corazón se quebraría por ti, que nunca vería mis sueños cumplidos; porque a pesar de que te amo con todo lo que soy se me ha fatigado el alma con tus desprecios, se ha derramado el vaso de mi nostalgia hoy, ese licor amargo que ha envejecido en mis labios; con esa luz de la luna y esa lágrima en tu cara, he podido comprender lo que no quería ver: comprendí que tu piel ya no tiene sed de mis besos; comprendí que el reloj ya no es tan lento en mi ausencia; comprendí que ya no se acelera el corazón con una caricia; mas aún con esa devastación en mi alma, con ese cansancio de espíritu que me partía en dos, con ese vacío funesto dentro de mi cuerpo, se me escapó de mis labios un último te amo, y mi mano intentó  ser eterna  en tu  frágil espalda,  y mi  rostro bañado en llanto se protegió en tu pecho, y mis ojos buscaron algo  de fuego  dentro de  tus ojos,  mas lo  único que encontré fue la verdad: comprendí que ya nunca más me vería en tu sombra, y que aquellos ojos bellos que fueron la luz de mi vida ahora son tan sólo en mi mente como un par de estrellas que no alumbran más mi noche; y quise llorar contigo por última vez y ya no pude. Cuando la luz de la luna acarició tu rostro, comprendí que en verdad no puedo vivir sin ti; cerré tus ojos con mis manos lastimadas y sellé para siempre con un beso tus labios; comprendí que para cuando el sol vuelva a nacer ya seríamos tú y yo de nuevo un solo ser.
            Un momento de fragilidad, un momento y nada más…

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