-He aquí el invento más
estúpido de la humanidad; la guerra.
La
guerra es la manifestación física del odio entre dos países ó más, y a mi forma
de pensar es algo cruel, irracional, doloroso y de origen satánico. Ha habido
miles de guerras, algunas de ellas se escudan bajo el símbolo de la justicia.
Pero las guerras sólo traen muerte indistintamente, las bombas y las balas no
reconocen clases sociales, edad, sexo, la muerte atrapa a los niños, a las
mujeres, a los ancianos, a todos por igual, la destrucción es grande y la
pérdida de vidas humanas es dolorosa.
La
guerra es mala aún después de que termina porque detrás de ella queda un rastro
de sangre y una estela hedionda de cuerpos putrefactos que provocan terribles
enfermedades, hambre, sufrimiento y al fin de cuentas provocan más odio, que al
paso de los años crece y se acumula en el corazón de los pueblos convirtiendo a
la guerra en un cuento sin fin.
La guerra es una de
las actividades más antiguas del hombre. La estupidez humana nació prácticamente
al nacer el hombre. Al pasar de los años, de los siglos, la guerra ha cambiado
su forma; las primeras guerras eran a golpe limpio, con palos, piedras, huesos
o con cualquier cosa que pudiera servir para golpear, después, el hombre
utilizó su estupidez para crear lanzas, flechas, espadas, aprendió a utilizar a
los animales para combatir a sus enemigos. Poco a poco el hombre fue creando
nuevas armas, cada vez más poderosas y destructivas; llegaron las armas de
fuego, los aviones, los tanques de guerra, los misiles, las bombas y un
vergonzoso etcétera.
A
pesar de que la forma de la guerra ha cambiado de lo primitivo a lo
sofisticado, su esencia y misión sigue siendo la misma de siempre, matar a los
seres de tu propia especie, es por eso que me parece la estupidez más grande de
la humanidad.
Los
rostros de la guerra son rostros invisibles, se preguntarán por qué, ésta es la
respuesta. En las guerras han muerto millones de seres inocentes y en mi mente
no está gravado ni uno solo de sus rostros. Son rostros invisibles que murieron
por causa de la maldad de otros y ahora están en el olvido eterno.
Como
les dije, la guerra es cruel, despiadada y en la mayoría de los casos es
innecesaria. Los humanos somos muy dados ha presumir de nuestra gran
inteligencia, de nuestros grandes avances científicos y tecnológicos, pero, si
en realidad fuéramos tan inteligentes resolveríamos nuestros conflictos de
manera pacifica, siempre teniendo en mente que somos una misma especie, somos
hermanos.
Con
estas palabras no quiero convencer a nadie de que cambie sus ideas, sólo
pretendo dar mi contribución al grito mundial que pide paz. Y a todos aquellos
que se agradan de las guerras, de su destrucción, de la muerte de sus
semejantes, quiero decirles que lo piensen mejor, que ya no pongan su grano de
arena para seguir construyendo rostros invisibles, por qué quién puede decirles
que el próximo rostro invisible de la guerra no será el mío, o el suyo propio,
o el de su madre, o el de algún querido hijo. Mejor pongamos nuestro grano de
arena para construir un mundo de paz y vida, donde no existan más los rostros
invisibles.
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