domingo, 4 de marzo de 2012

TU DECIDES


 

A la orilla de un cristalino lago, bajo la sombra de un árbol, está sentado un hombre, en su mano derecha tiene una pluma y sobre sus piernas un cuaderno, más no escribe nada, sólo piensa en lo profundo de su ser, y piensa así:
-Si encontrara a una mujer, que fuera la alegría de mis cantos y el consuelo de mis llantos, que me entregara su amor sin pedir más que amor como cambio, que me tomara de la mano y caminara junto a mí por la senda de la vida, que fuéramos uno como la noche y la luna. Mi dolor ya no sería dolor, mi agonía ya no sería agonía, mi soledad ya no sería soledad o tal vez sería una soledad compartida, si encontrara a una mujer…
Al otro lado del lago una mujer camina con pasos lentos e inseguros, a sus ojos se asoma una perla de agua y de sal. Su mirada perdida se pierde en lo profundo de las tersas aguas.     
Ella, también piensa en lo más profundo de su alma:
-¿Por qué me han traicionado así? ¿Por qué me destrozan el corazón? Si encontrara a un hombre que fuera sólo amor, que no lastimara mi débil corazón, que sólo tuviera ojos para verme a mí, que cada noche se despidiera como si nunca fuera a volver, y en la mañana me saludara como si nunca nos hubiéramos visto, si encontrara a un hombre…    
La mujer sigue caminando a la orilla del lago sumida en su llanto,  el hombre deja la  sombra del árbol y empieza a caminar sobre el pasto. Los dos van como ausentes, no miran nada, no sienten al viento, no escuchan más que al silencio. En eso, sus miradas se cruzan y un mar de tormentos inunda sus vidas.     
-Que bella mujer, -piensa él-.
-Que hombre tan apuesto, -piensa ella-.
Por unos instantes sus miradas se funden en el viento que acaricia las hojas de los árboles y bajo el canto de las aves que anuncian la llegada de la primavera.
Él, al darse cuenta de lo que pasa aparta presuroso su mirada y la vuelve hacia el agua, ella de nuevo agacha la cabeza y se vuelve a asomar una lágrima, los dos siguen sus caminos, pero a pasos tan lentos, que no se quieren alejar.    
-No puedo hablarle, -dice él-, pensará que soy un loco, que quiero aprovecharme de su dolor.
-No puedo hablarle –dice ella-, pensará que lo quiero de pañuelo de lágrimas, pensará que busco consuelo.
Y siguen caminando, cada quien para su lado, bajo los testigos mudos que los han oído pedir por lo que están dejando ir.    
Esta historia no tiene final, o más bien dicho, tiene dos finales.
El primero de ellos dice así:
-Aquel hombre y aquella mujer siguen sus caminos y se alejan poco a poco, lo más probable es que nunca se vuelvan a ver, él su vida, ella la suya.    
El segundo final dice así:
-Cuando el hombre se alejaba sintió algo dentro de si que le impidió seguir caminando, miró hacia atrás y al mismo  tiempo  la  mujer  hizo  lo  mismo,   con  pasos  de miedo se acercaron  sin apartarse  ni un  instante  la mirada. 
Hoy  después  de tantos  años  siguen  juntos  creando  fuego  y  amor  a  través  de la mirada.    
Si pides algo, tienes que luchar por lo que pidas hasta lograrlo. 
Esta historia tiene dos finales, la tuya únicamente tendrá un final, tú decides cual será…

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