viernes, 2 de marzo de 2012

LAS CINCO MIRADAS DE LA MUJER


 

La conocí en el centro de un volcán. Sus labios como de rojo carmesí hablaban de la miel y el amar. Sus mejillas como el amanecer disipaban la oscuridad. Su rostro como la más pura imagen era el deseo de los cansados. Su cabellera larga y fina era la cuerda salvadora de los que caían al abismo. Su figura delicada y frágil era el refugio del guerrero. Y lo más hermoso, su mirada, parpadeaba como las estrellas de la madrugada. Su nombre era, mujer.    
Ella era mi todo y mi nada, mi vida y mi muerte. Y tuve que dejarla con el dolor de mi alma cuando entendí que tenía cinco miradas, y de cada una de ellas aprendí el amor, pero la última mirada me obligó a partir.    
La mirada de la mañana era como un rocío de perfume en los valles, en los desiertos y en las montañas. Como si la vastedad del universo no cupiera en la cerrada palma de mi mano. Esa fue la mirada de la mañana, de ella aprendí el amor más tierno y frágil, y se fue, como se va todo, y ahora sólo puedo ver esa mirada entre la niebla del olvido.    
La mirada del mediodía era como el sol resplandeciente que cubre todo sin mostrar una sombra. Como si se ignorara que antes y después de la vida hubo dos eternidades no vistas. Esa fue la mirada del mediodía, de ella aprendí el amor más alocado y cambiante, y se fue, igual que la mañana, y ahora sólo puedo ver esa mirada en viejos recuerdos.    
La mirada de la tarde era como una gardenia solitaria  consolando  a los   dolientes   de  la   triste   vida. 
Como  comprendiendo  que  el  dolor ajeno mañana será nuestro. Esa fue la mirada de la tarde, de ella aprendí el amor más fuerte y apasionado, y se fue, como el viento del pasado, y ahora sólo puedo ver esa mirada en lo claro de una lágrima.    
La mirada de la noche era como los que descansan de la dura jornada de los años. Como si se entendiera que hay que dejar espacio para  los que miran  al sol tras  las ventanas.  Esa fue  la mirada  de  la noche, de ella aprendí el amor más necesitado y claro, y se fue como todos los demás, y ahora sólo puedo ver esa mirada en la historia escrita en la playa.    
La mirada de la madrugada era como un sueño puro que alentaba a seguir por el camino antes de desfallecer. Como si cada palabra fuera un adiós y cada lágrima dijera: me voy. Esa fue la mirada de la madrugada, de ella aprendí el amor más benigno y puro, y se fue, como se va la vida, y ahora sólo puedo ver esa mirada a través del dolor que me ha dejado.    
Debería de haber una sexta mirada en la mujer, pero no la hay, porque sus ojos están cerrados en la exacta línea entre la madrugada y una nueva mañana.    
Alguien me preguntó una vez:
-¿Nosotros los hombres no tenemos miradas?
Yo le contesto:
-Sí, las tenemos, pero siempre es la misma mirada, no hay mañana, ni mediodía, ni tarde, ni noche, ni madrugada, siempre es la misma mirada y sólo mira una cosa:
“Las cinco miradas de la mujer”.
Y se va al olvido al terminar la madrugada y se unen a la sexta mirada y miran hacia la segunda eternidad.    
Porque del mismo volcán nacimos y entrelazadas las manos en el mismo fuego nos sepultarán.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...