-La historia que les voy a
platicar se llama la ciencia y los tontos.
-Un
día, caminaban por un sendero pedregoso un grupo de cuatro sabios científicos.
Hablaban de temas de mucha profundidad tal como el amor al prójimo, la
felicidad, el conocimiento de Dios.
Mientras
subían una cuesta del sendero yo los escuché y esta fue su plática:
El
filósofo dijo.
-Nosotros,
como seres superiores que somos debido a nuestra sabiduría e inteligencia no
podemos ocuparnos de amar a nuestro prójimo,
porque ni siquiera sabemos quien es realmente nuestro prójimo. Debemos
ocuparnos únicamente de llenar nuestra mente de más sabiduría. Con respecto a
la felicidad pienso que es un sentimiento que se provocan los tontos para
esconder su estupidez. Tal vez los niños si sienten felicidad verdadera, pero
al crecer se convierten en una mentira. Por otro lado hablando de Dios, pienso
que sólo es una creación de la mente humana para frenar la decadencia de la especie.
Dios nada más existe en la mente de los tontos que al tener el cerebro y la
vida vacía, han tenido que llenarla de algo imaginario.
El
médico dijo.
-Yo siempre estoy
ayudando a mis prójimos, pero no los amo. ¿Y como podré amarlos, si están enfermos
y no les conozco? Además si los amara no podría cobrarles por mi servicio y no tendría
de que vivir. Hablando de la
felicidad creo que no existe ni siquiera en la mente de los tontos y los niños,
no puede haber felicidad si vivimos en cuerpos enfermos y decadentes,
condenados a morir eternamente. Y Dios, no creo que exista tal ser, pues nunca lo he visto, ni lo he escuchado, ni lo he tocado y mucho
menos lo he sanado, no creo que Dios exista.
El
matemático, apuntando una gran cantidad de números en una libreta dijo.
-Según
mis cálculos, sólo podemos amar a la personas que viven a veinte metros
cuadrados de nuestro centro y como yo vivo solo y mi único vecino es un ser
despreciable, calculo que la operación que hice es errónea, por lo tanto no
puedo amar a ningún semejante. Y la felicidad,
no he encontrado ni un número
o estadísticas de qué sea la felicidad y
de cuantos sufran de ella, pero si he encontrado estadísticas de crímenes, de
muertes y de dolor, así que concluyo matemáticamente que la felicidad humana es
igual a cero. Por último, algunos dicen que existe un Dios, pero no he podido
comprobarlo con ninguna operación.
Si algún día
logro comprobarlo vendré
corriendo hasta ustedes a decirles que Dios existe, pero por mientras no
creeré en Él.
El
físico dijo.
-El amor al prójimo
no es posible porque, ¿Cómo se podrá medir y pesar al amor? No es posible
lograrlo, es algo inexistente. Hablando
de la felicidad, se ha comprobado que es un conjunto de reacciones
químicas o mejor dicho son drogas, pero en cuanto la droga pasa vuelve el dolor
y la tristeza. Si la felicidad existe, es liviana y fugaz. Y Dios, que les
puedo decir de Dios, es un ser que está en todas partes, que lo escucha y ve
todo, es una persona y tres a la vez, es un espíritu y también puede encarnar y
vive en un lugar que nadie conoce y al mismo tiempo vive en todas partes. Pero
nosotros los sabios sabemos que todo eso es imposible, rompería todas las leyes
de la física, leyes que supuestamente Él mismo implantó, por lo tanto Dios no
puede existir más que como una simple y
llana idea.
En
ese momento aparecieron por el camino un grupo de tontos. Ellos venían
sonrientes, platicando de
lo bueno que es vivir y
de lo felices que eran. Los sabios los detuvieron y les preguntaron.
-¿Por
qué vienen tan contentos, si tan sólo son un montón de tontos?
Entonces
el rey de los tontos se adelantó y les dijo.
-Nosotros
somos felices porque amamos a nuestros prójimos, incluyéndolos a ustedes, los
amamos aunque no los conozcamos puesto que todos somos hermanos y habitamos la
misma esfera. Somos felices, en el mismo sentido de la felicidad, tenemos
alimento en nuestras mesas y agua fresca en nuestros cantaros. A la puerta de
nuestra casa nos esperan nuestras mujeres e hijos para abrazarnos, besarnos y
quitar la carga del trabajo diario de nuestras espaldas, somos felices porque
todo es bello y es bueno. También sonreímos porque sabemos que Dios, nuestro
creador y salvador, nos ve y nos cuida en todo momento, porque Él está en todas
partes y al lado de cada uno de sus hijos, aunque nuestra mente sea tan pequeña
para comprender ese concepto.
Nosotros no
necesitamos comprobar a Dios, tenemos fe y creemos y es por eso que
somos felices. En cambio ustedes, pobres sabios, no pueden entender todo esto
porque sus cerebros son tan pequeños y sus corazones son tan duros que no
pueden mirar más allá de su ciencia.
Los
tontos siguieron su camino llenos de júbilo y los científicos se fueron a sus
casas sintiéndose infelices y humillados.
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