viernes, 2 de marzo de 2012

LA CIENCIA Y LOS TONTOS



-La historia que les voy a platicar se llama la ciencia y los tontos.
-Un día, caminaban por un sendero pedregoso un grupo de cuatro sabios científicos. Hablaban de temas de mucha profundidad tal como el amor al prójimo, la felicidad, el conocimiento de Dios.
Mientras subían una cuesta del sendero yo los escuché y esta fue su plática:
El filósofo dijo.
-Nosotros, como seres superiores que somos debido a nuestra sabiduría e inteligencia no podemos ocuparnos de amar a nuestro prójimo,  porque ni siquiera sabemos quien es realmente nuestro prójimo. Debemos ocuparnos únicamente de llenar nuestra mente de más sabiduría. Con respecto a la felicidad pienso que es un sentimiento que se provocan los tontos para esconder su estupidez. Tal vez los niños si sienten felicidad verdadera, pero al crecer se convierten en una mentira. Por otro lado hablando de Dios, pienso que sólo es una creación de la mente humana para frenar la decadencia de la especie. Dios nada más existe en la mente de los tontos que al tener el cerebro y la vida vacía, han tenido que llenarla de algo imaginario.    
El médico dijo.
-Yo siempre estoy ayudando a mis prójimos, pero no los amo. ¿Y como podré amarlos, si están enfermos y no les conozco? Además si los amara no podría cobrarles por mi servicio  y no tendría  de que vivir.  Hablando de la felicidad creo que no existe ni siquiera en la mente de los tontos y los niños, no puede haber felicidad si vivimos en cuerpos enfermos y decadentes, condenados a morir eternamente. Y Dios, no creo que exista tal ser,  pues nunca lo he visto,  ni lo he escuchado, ni lo he tocado y mucho menos lo he sanado, no creo que Dios exista.    
El matemático, apuntando una gran cantidad de números en una libreta dijo.
-Según mis cálculos, sólo podemos amar a la personas que viven a veinte metros cuadrados de nuestro centro y como yo vivo solo y mi único vecino es un ser despreciable, calculo que la operación que hice es errónea, por lo tanto no puedo amar a ningún semejante. Y la felicidad,  no he encontrado  ni un número o  estadísticas de qué sea la felicidad y de cuantos sufran de ella, pero si he encontrado estadísticas de crímenes, de muertes y de dolor, así que concluyo matemáticamente que la felicidad humana es igual a cero. Por último, algunos dicen que existe un Dios, pero no he podido comprobarlo con ninguna operación.  Si  algún  día  logro  comprobarlo  vendré  corriendo hasta ustedes a decirles que Dios existe, pero por mientras no creeré en Él.      
El físico dijo.
-El amor al prójimo no es posible porque, ¿Cómo se podrá medir y pesar al amor? No es posible lograrlo, es algo inexistente.  Hablando de  la felicidad, se ha  comprobado que es un conjunto de reacciones químicas o mejor dicho son drogas, pero en cuanto la droga pasa vuelve el dolor y la tristeza. Si la felicidad existe, es liviana y fugaz. Y Dios, que les puedo decir de Dios, es un ser que está en todas partes, que lo escucha y ve todo, es una persona y tres a la vez, es un espíritu y también puede encarnar y vive en un  lugar que nadie conoce  y al mismo tiempo vive en todas partes. Pero nosotros los sabios sabemos que todo eso es imposible, rompería todas las leyes de la física, leyes que supuestamente Él mismo implantó, por lo tanto Dios no puede existir  más que como una simple y llana idea.    
En ese momento aparecieron por el camino un grupo de tontos.  Ellos venían  sonrientes,   platicando de lo  bueno que es  vivir y  de lo felices que eran. Los sabios los detuvieron y les preguntaron.
-¿Por qué vienen tan contentos, si tan sólo son un montón de tontos?
Entonces el rey de los tontos se adelantó y les dijo.
-Nosotros somos felices porque amamos a nuestros prójimos, incluyéndolos a ustedes, los amamos aunque no los conozcamos puesto que todos somos hermanos y habitamos la misma esfera. Somos felices, en el mismo sentido de la felicidad, tenemos alimento en nuestras mesas y agua fresca en nuestros cantaros. A la puerta de nuestra casa nos esperan nuestras mujeres e hijos para abrazarnos, besarnos y quitar la carga del trabajo diario de nuestras espaldas, somos felices porque todo es bello y es bueno. También sonreímos porque sabemos que Dios, nuestro creador y salvador, nos ve y nos cuida en todo momento, porque Él está en todas partes y al lado de cada uno de sus hijos, aunque nuestra mente sea tan pequeña para comprender  ese  concepto.  
Nosotros  no  necesitamos  comprobar  a Dios, tenemos fe y creemos y es por eso que somos felices. En cambio ustedes, pobres sabios, no pueden entender todo esto porque sus cerebros son tan pequeños y sus corazones son tan duros que no pueden mirar más allá de su ciencia.    
Los tontos siguieron su camino llenos de júbilo y los científicos se fueron a sus casas sintiéndose infelices y humillados.     

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