Conocí a cinco hombres que competían en una carrera. Esta carrera, a
diferencia de otras, no iba a tener un solo ganador, podía haber cinco
ganadores, la clave del éxito era llegar a la meta.
El primer hombre salió
tranquilamente. Primero caminó y cuando tomó confianza de que su camino no
tenía obstáculos comenzó a correr. El hombre iba tan confiado en su camino que,
al divisar la meta ya cercana y ver que nadie lo seguía de cerca, tropezó con
una pequeña piedra y cayó sobre el camino. El dolor de la caída fue tan grande,
que el hombre no se levantó mas y nunca pudo llegar a la meta.
El segundo hombre salió por su
camino y tampoco vio ningún obstáculo, así que se apresuró hacia la meta confiado
y seguro de ganar. El hombre divisó la meta a lo lejos y corrió con todas sus
fuerzas hasta que logró llegar a la meta. El hombre esperaba un recibimiento
alegre, pero nadie estaba allí para entregarle su premio o vitorearlo. Fue
entonces cuando el hombre se dio cuenta de que había seguido el camino
equivocado.
El tercer hombre comenzó a caminar
intranquilo y despacio sobre su camino, a la distancia miraba un obstáculo y no
se atrevía a afrontarlo. Con excesiva cautela se acercó al obstáculo y al verlo
tuvo miedo y prefirió retroceder. Sobra comentar que este hombre nunca pudo
superar el obstáculo y por lo tanto jamás llegó a la meta.
El cuarto hombre se lanzó decidido
hacia la meta, corría con fuerza y su decisión era enorme. Esquivaba con
facilidad los obstáculos y al parecer nada lo podía detener en la conquista
de la meta, sin
embargo, poco antes de llegar a la meta, el hombre se
encontró con una desviación, el camino aledaño parecía muy atractivo y no pudo
soportar la tentación. El hombre se aventuró en ese nuevo camino y nunca nadie
volvió a saber de él.
El quinto hombre salió tranquilo y
pronto tropezó con una piedra. Más allá de quejarse o decepcionarse por la
caída, el hombre se levantó y continuó caminando. Después volvió a caer y se volvió
a levantar. Así estuvo, cayéndose y levantándose durante todo el camino, hasta
que al fin conquistó la meta. Al llegar a la meta, todos los que allí estaban
lo recibieron con aplausos y cantos de júbilo. Él fue el único de los cinco
hombres que llegó a la meta y todo porque aprendió que no importa el caer, lo
importante es levantarse y nunca dejar de ver hacia la meta.
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