Un día, llegó hasta la puerta de mi casa un extraño ser que dijo ser la
vida, y llevaba un mensaje para mí:
-¿Recuerdas aquel día? Sí, aquel día
en que hiciste el daño a quien no lo merecía. Cuando quebraste un corazón que
te amaba y dañaste para siempre un alma. Aquel día en que soltaste una mano que
no debías soltar. Aquel día que dejaste atrás tu mismo yo en otra carne. Aquel
día en que tu indiferencia asesinó lo que más amabas. Aquel día en que arrancaste
lágrimas de los ojos que antaño soñaban. Aquel día de hipocresía. Aquel día de
odio. ¿Recuerdas esos días y otros más?
-Sí, los recuerdo, -contesté con voz
quebrada-. Ya me arrepentí de ellos y he llorado mil lágrimas. He tratado de
olvidarlos, pero los recuerdo.
-Es verdad, te arrepentiste, y con
eso creíste que estaba saldada la cuenta con la vida, pero lamento decirte que
te has equivocado. Aquí traigo las facturas para que pagues cada uno de tus
actos. Facturas con intereses porque el tiempo ha sido largo. Todas las
facturas juntas. Ahora si vas a saber lo que es el dolor y el llorar mil
lágrimas. Sabes, yo, (la vida), soy un cobrador implacable, nadie escapa de mí.
Tu turno ha llegado.
-Está bien, -dije casi llorando-.
Acepto mi culpa y mi pago, yo me endeude contigo y ahora te voy a pagar hasta
el último de mis actos. Entrégame mis facturas para poder pagarte y explícame
que va a pasar con los que a mí me han dañado.
-Ya iré con ellos, con cada uno, con
todos. En mi maletín traigo sus facturas
y todos deberán pagar,
cada quién de forma distinta, unos más y otros menos, unos de la misma
forma en que compraron y otros de otra forma. Pero todos pagarán hasta el más
pequeño de sus actos. Nadie se irá invicto, cada cuenta será saldada. Y un día
todos mirará hacia atrás y pensarán: “He pagado mis errores”.
La vida me entregó mis facturas, que
hasta la fecha sigo pagando. Y sin venganza esperó, que todos los que me
hicieron daño, paguen las suyas.
La
vida antes de irse me dijo:
-Todos
creen que pagan sus actos malos, pero nadie se da cuenta que los buenos también
son remunerados. Date la oportunidad de hacer el bien de aquí en adelante y
algún día volveré a tu puerta, para darte tus facturas de bendiciones.
“Nadie
se va de este mundo sin pagar las que debe. Las buenas y las malas. Cada quién
lo que se merece”.
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