Un grupo de hombres caminaba en
silencio cuando de pronto uno de ellos señaló hacia una puerta que tenía un
cartelón colgado:
“Se guían ciegos”.
Los hombres se llenaron de
curiosidad y se dirigieron a la puerta, la empujaron despacio y uno a uno,
entraron al lugar. Ahí había un sofá, un escritorio y un hombre ciego detrás
del escritorio. Los hombres se burlaron en silencio y apuntaban al ciego.
-¡OH! Pobres sordos insensatos.
–Dijo el ciego-. Que no ven que yo guío ciegos y ustedes son sordos, puedo ver
sus palabras de burla y sus dedos acusadores, pero no los recrimino, porque he
entendido con el paso de los años que quién no te comprende te esclaviza un
poco. Ustedes necesitan un guía de sordos, a unas cuantas calles hay uno, vayan
con él y dejen que yo guíe a mis ciegos por nuestro mundo de luz.
Los sordos se fueron sin comprender del
todo lo que el ciego les había dicho con la mirada, pero mas callados que nunca
porque entendieron la razón de aquel a quien
juzgaban por no comprenderlo.
Caminaron un poco más y uno de ellos
escuchó con los ojos una canción que decía:
“Se guían sordos”.
Los hombres sordos entraron deprisa
y al ver a los ojos al guía de sordos comprendieron a la perfección lo que
había dicho el hombre ciego.
“Quién no te comprende te esclaviza
un poco y para guiarte hacia la verdad solo aquel que te comprende.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario