viernes, 2 de marzo de 2012

PARALÍTICO



Que hermosa sensación es caminar. Sentir que bajo tu propia voluntad se mueven tus piernas y te llevan a cualquier lugar que desees. Si quieres ir lento, vas lento, si quieres correr, también lo puedes hacer. Es hermoso caminar sobre la tibia arena del mar, en la ciudad o en el campo, el simple hecho de moverte a voluntad es una gran bendición de Dios.
            Aunque en ocasiones, también el caminar se torna en dificultades. El camino es complicado y lleno de trampas. A veces caes, el secreto del buen andar es levantarse después de cada caída y continuar con el mismo empeño.
            Para la gran mayoría de las personas es muy sencillo caminar, pero para algunos, caminar es sólo un sueño inalcanzable. Un simple paso se convierte en una aventura llena de esfuerzos y peligros. Tratan de caminar por si solos y caen porque sus fuerzas son insuficientes. Con ayuda de otros se logran mantener en pie y avanzar un poco, pero en cuanto los brazos ayudadores se retiran, caen de nuevo imposibilitados por su flaqueza. Estas personas son paralíticas.
            En la vida espiritual pasa lo mismo. Algunos podrán ser fieles y avanzar confiados hacia el reino de Dios, algunas veces caerán y prestamente se levantarán para seguir avanzando sin quejarse y sin mirar atrás. Otros caminarán esforzadamente, sufriendo constantes caídas, y con gran esfuerzo continuarán su lento camino hacia el cielo. Bienaventurados éstos que siempre miran hacia arriba. Sin embargo, otras personas son paralíticas espiritualmente. No pueden avanzar porque las cargas de sus pecados les impide caminar hacia la gloria de la vida eterna, tal vez algunas veces se acerquen a Dios, pero a la primera crítica de la iglesia, al primer desaire de un hermano enfadado, a la primera prueba de la vida, a la primera caída del más consagrado de la junta, o cualquier otra cosa que ponga en juego su fe, se sueltan de la mano de Dios, y vuelven a caer en su grave parálisis espiritual. Pierden de vista el cielo, porque sus fuerzas flaquean y se alejan de Dios. También hay otro tipo de paralíticos, éstos son los que más pena me dan, son los paralíticos voluntarios. Aquellos cuyas piernas no se mueven porque así les gusta estar, postrados en una cama, inservibles para cualquier actividad. Los paralíticos espirituales voluntarios son aquellos que no les interesa nada de Dios ni de sus promesas de salvación. Están perdidos y así es como quieren estar. ¡Que tristeza!
            Pero hay excelentes noticias para todos los paralíticos. ¡Para todos! Para los que caminan con dificultad, para los que no caminan nada, para los que caminan con ayuda de otros, y aun para los que no quieren caminar. Esa noticia es, que existe un médico, un maravilloso médico que nos ofrece la sanidad espiritual. Su nombre es Jesús. Gustaba de caminar y ayudaba a otros a caminar junto a Él.
            Un día, unos hombres trajeron a un paralítico hasta donde Jesús estaba, Él, al ver la fe de ellos dijo:
            “Anímate, hijo, tus pecado te son perdonados”. Mateo 9:2.
            Pero no sólo perdonó su pecado, sino que dijo:
            “Para que sepáis que el hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: levántate, toma tu lecho y anda. Y él, levantándose se fue a su casa. Mateo 9: 6,7.
            Así de maravilloso es Jesús, quien tiene poder para decirle a los paralíticos levántate y anda. Esa es la gran noticia, no importa el grado de invalidez espiritual que tengas, acércate a Jesús, pídele sanidad y el perdón de tus pecados y Él, mirándote tiernamente te dirá:
-Hijo, no temas, tus pecados te son perdonados, levántate, toma tu lecho y anda.
            Será en ese momento cuando dejaremos de ser paralíticos y podremos caminar confiados, tomados de la mano de Dios, siempre mirando hacia lo eterno. Así el camino será más fácil hasta llegar a la eternidad. Jesús te sana por amor, ámale también tú a Él.

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