Te reviví mirando atrás del universo, te prohibí subirte al cisne de
alas rotas, te obligue a quedarte donde querías quedarte. Y de que me sirvió
todo, si sólo te vi morir de nuevo, de otra forma, en otro lugar, en el mismo
tiempo. Y podría revivirte mil veces mirando atrás del universo y mil veces te
vería morir, de mil formas diferentes, en mil lugares distintos, al mismo
tiempo.
En
el pasado no encontré la respuesta, así que fui al futuro, y cuando estuve en
ese tiempo mi alma respingo diciendo:
-“Estoy
sedienta y cansada, desnuda y descalza, dejadme descansar bajo la sombra de tu
vida, dadme de beber cada gota de tu llanto, vestidme con la ropa de la
felicidad y calzadme con las sandalias de la paz.”
Mi
alma se quejó hasta el cansancio y la respuesta no pude encontrar.
En
el pasado y en el futuro no encontré la respuesta y el presente me llevó hasta
un sepulcro y grité:
-“¡Ay querida que
dolor, que dolor, que dolor, ay querida que dolor, que dolor en mi corazón, que
dolor en mi corazón, ay querida que dolor! Le temo a la muerte que se convierte
en ceniza muerta bajo el suelo. Le temo a la muerte que se convierte en el olvido callado del silencio. No quiero la muerte de los muchos que mueren.
Quiero la muerte viva de los que mueren sin muerte. Quiero la muerte viva de
los que ríen felices, de los que viven aún muertos en sus
cuerpos, porque
no han muerto
en la muerte de las cenizas,
porque no han muerto al olvido del silencio,
porque sencillamente no
han muerto en lo
profundo de los corazones, porque simplemente siguen vivos en nuestros
recuerdos.
Pero
aquí tampoco encontré la respuesta. ¿Y como encontrarla? Si hice de mi vida un
sueño pero nunca hice de mi sueño una realidad. Y buscando la respuesta quedé
atrapado en la oscuridad de mi alma, a tientas busco una salida, busco una
puerta que me deje escapar…
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