El sol es un travieso pintor, le gusta jugar con los colores, cada tres
meses cambia sus pinturas y sus técnicas de pintar.
La
luna es una inquieta escritora, le gusta escribir en su libro, cada tres meses
cambia las hojas y sus letras se transforman.
En
la primavera el sol pinta de todos colores. Pinta de verde los valles, de azul
los ríos, de mil colores los jardines. Los
árboles en tronco café y ramas verdes brotan en flor
naranja, azul y
rosa, sus frutos rojos y
amarillos pintan con delicado sabor el lienzo del viento. El sol también pinta
de mil colores a las aves y a los seres de la tierra. Pinta con trazos perfectos
y colores brillantes. ¡Que hermoso pinta el sol en primavera!
En
la primavera la luna escribe con esperanza. Escribe del resurgimiento de la vida
que dormía bajo la tierra.
Escribe un poema del contraste del tímido calor y del frío que agoniza.
Las letras florecen mientras al contacto de la noche las flores y los seres de
la tierra se acurrucan para dormir. Escribe también de los cantos de la
naturaleza y del silencio de la noche. Su rima es perfecta, llena de esperanza.
¡Que hermoso escribe la luna en primavera!
En el verano el sol
pinta igual y le agrega un rojo intenso. El mundo sigue de mil colores con un
fondo rojizo y todos los colores dirigen su vista al color azul que ayuda a
diluir el rojo del fondo. El cuadro del verano es igual que la primavera sólo
que los trazos del pintor son más fuertes y brillantes. También las aves y los
seres de la tierra son más intensos y buscan fundirse al azul claro. ¡Que
hermoso pinta el sol en el verano!
En
el verano la luna escribe con pasión. Escribe de las noches más vivas que los
días dónde nada duerme al contacto de la oscuridad. Los versos que escribe
están llenos de aromas, de calor, de pasión.
En los campos y en los montes todos roban las palabras que refrescan el
alma y el corazón después de abandonar las cálidas frases del día. La voz de la
noche es tibia. ¡Que hermoso escribe la luna en el verano!
En
el otoño el sol pinta con colores opacos. Borra los mil colores de la primavera
y el verano, pinta los valles de verde opaco, café y amarillo, a pincelazos
cubre la tierra de hojas caídas, las frutas se han marchado y las flores han
vuelto al sueño debajo de la tierra. También los mil colores de las aves y los
seres de la tierra se opacan. Los trazos de colores opacos son perfectos. ¡Que
hermoso pinta el sol en el otoño!
En
el otoño la luna escribe con paz. Escribe de la triste caída de las hojas que
una vez estuvieron llenas de vida y ahora, secas, fertilizan de nuevo la tierra
para que brote la vida al llegar de nuevo la primavera. Escribe la luna de los
ríos llenos de yerbas secas, de las aves y de los seres de la tierra que
cambian sus ropas de colores por grises
abrigos. Los poemas
pierden la calidez
y el brillo,
pero conservan la paz. ¡Que hermoso escribe la luna en otoño!
En el invierno el
sol pinta de gris y blanco. Los colores opacos del otoño se han ido, el mundo
se vuelve blanco y el cielo gris. Maravillosos copos de nieve se dibujan a la
caída de la nube. Todo es igual, las plantas, las rocas, los valles, las montañas,
todo está bajo un bello disfraz
blanco. Las aves
y los seres
de la tierra
se esconden de la fría pintura y el sol se vuelve el más tímido de los
pintores. ¡Que hermoso pinta el sol en el invierno!
En
el invierno la
luna escribe con
nostalgia. Escribe sobre
la escarcha que cubre los cristales y sobre el fuego que calienta a los
hogares. Escribe bellas historias de los lagos congelados y de cada copo de
nieve que es arrojado de la nube que lentamente cae a la tierra. Escribe del
descanso de las aves y de los seres de la tierra, de las flores y de la hierba,
pero siempre con nostalgia de que después de la belleza blanca la vida resurge.
¡Que hermoso escribe la luna en el invierno!
Así
es el sol, travieso pintor. Pinta hermoso cada día de la vida.
Así
es la luna, inquieta escritora. Escribe hermoso cada noche de la vida.
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