Llega un momento en la vida en que el corazón sabe que lo que perdió
nunca más será recuperado y a la vez ignora si algún día obtendrá lo que desea.
Que tristeza me da imaginar que lo que se fue no volverá jamás.
La luna me mira en silencio y llora
junto conmigo rayos de sal. Me dice:
-Abrázate de la luz que reflejo y
limpia con mis cenizas tus lágrimas de cristal. Obtén del calor de los tiempos
consuelo para olvidarte de lo que ya se fue. Nunca volverá, no lo podemos
saber. Canta un himno de esperanza y elévate a la altura de la fe, quizá deseas
algo para ti, tal vez venga algo mucho mejor. Mientras llega el momento,
abrázate de la luz que reflejo.
Llega la mañana y me encuentra
abrazado a la luz de la luna, al despertar se esfuma el abrazo y el llanto
vuelve a mis ojos.
El sol me mira incrédulo y sonríe
con gran calidez. Me dice:
-Mira el verdor de los campos, el
colorido de la tierra. Escucha la canción de los vientos, el ronroneo del mar.
Aprecia la hermosura de todo. Anoche estaba en silencio la vida y todo era del
mismo color, pero hoy, que es de día, todo está mucho mejor. No llores más, la
vida es buena y si antes has llorado, lo sé, te lo prometo, mañana reirás.
Me fui con el abrazo de la luna y el
consejo del sol, sin llorar. Tal vez recuperé lo perdido y obtenga algo más.
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