martes, 20 de marzo de 2012

UNA FLOR PARA TI


 
En el cementerio resplandeciente de las flores estaba la más variada policromía y la más apacible atmósfera se saturaba con el perfume de las lágrimas de los jazmines y las gardenias, mientras las rosas y los claveles jugaban a vestirse como vírgenes y los jacintos admiraban su belleza.    
El ángel velador del cementerio de las flores vio entrar al más pequeño de la creación,  sus pasos eran indecisos y se dirigían justo al lugar donde jugaban las rosas y los claveles. El pequeño denotaba a través de sus ojos dolor y tragedia.     
Aquel pequeño corazón que estaba aprendiendo a latir ya dejaba rastros de sangre por el camino que pisaba y el ángel no pudo evitar llorar al contemplar la escena.   
El pequeño se detuvo ante las rosas y las miraba como queriendo llevárselas a un lejano lugar, el ángel guardián se acercó al pequeño y le preguntó que quería.
-Quiero estas rosas, las quiero más que cualquier cosa en la vida.
-¿Y para que las quieres? –Volvió a preguntar el ángel-.
El pequeño mirando al ángel fijamente con sus ojos tristes, le dijo:
-Las quiero para llevar felicidad a quien no la tiene, deseo ver una sonrisa  en unos labios  que sólo han  sangrado de dolor, las quiero para mi Madre, ella está enferma y paralítica y quiero verla feliz aunque sea sólo un instante.    
El ángel se quedó pensando y por fin le dijo al pequeño que tomara  todas  las  rosas  que  pudiera  y  que  fuera  en  busca de esa  sonrisa.  El pequeño le dio un beso en la mejilla como intercambio de las rosas y salió corriendo lo más rápido que pudo.    
El ángel, tratando de contener las emociones que se asoman por los ojos, volvió a sus actividades velando el cementerio de las flores. En ese momento escuchó el llanto de un dragón metálico queriendo frenar su vuelo, enseguida un golpe y un llanto aterrador, como si la más tierna carne fuera cortada por los colmillos del dragón.    
El ángel corrió hasta donde estaba el dragón y el pequeño tirado en la tierra. El pequeño se ahogaba en un mar de sangre y con su brazo roto trataba de juntar los pétalos de las rosas esparcidas y deshojadas  flotando en  el  mar  de  sangre. 
El  pequeño  con  sus últimas fuerzas le dijo al ángel que llevara las rosas a su Madre y que le dijera cuanto la amaba, entonces el pequeño dejo caer la cabeza sobre las rosas y murió.   
  

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