En el cementerio resplandeciente de las flores estaba la más variada
policromía y la más apacible atmósfera se saturaba con el perfume de las
lágrimas de los jazmines y las gardenias, mientras las rosas y los claveles
jugaban a vestirse como vírgenes y los jacintos admiraban su belleza.
El
ángel velador del cementerio de las flores vio entrar al más pequeño de la
creación, sus pasos eran indecisos y se
dirigían justo al lugar donde jugaban las rosas y los claveles. El pequeño
denotaba a través de sus ojos dolor y tragedia.
Aquel
pequeño corazón que estaba aprendiendo a latir ya dejaba rastros de sangre por
el camino que pisaba y el ángel no pudo evitar llorar al contemplar la
escena.
El
pequeño se detuvo ante las rosas y las miraba como queriendo llevárselas a un
lejano lugar, el ángel guardián se acercó al pequeño y le preguntó que quería.
-Quiero
estas rosas, las quiero más que cualquier cosa en la vida.
-¿Y
para que las quieres? –Volvió a preguntar el ángel-.
El
pequeño mirando al ángel fijamente con sus ojos tristes, le dijo:
-Las
quiero para llevar felicidad a quien no la tiene, deseo ver una sonrisa en unos labios que sólo han
sangrado de dolor, las quiero para mi Madre, ella está enferma y
paralítica y quiero verla feliz aunque sea sólo un instante.
El
ángel se quedó pensando y por fin le dijo al pequeño que tomara todas
las rosas que
pudiera y que
fuera en busca de esa
sonrisa. El pequeño le dio un
beso en la mejilla como intercambio de las rosas y salió corriendo lo más
rápido que pudo.
El
ángel, tratando de contener las emociones que se asoman por los ojos, volvió a
sus actividades velando el cementerio de las flores. En ese momento escuchó el
llanto de un dragón metálico queriendo frenar su vuelo, enseguida un golpe y un
llanto aterrador, como si la más tierna carne fuera cortada por los colmillos
del dragón.
El
ángel corrió hasta donde estaba el dragón y el pequeño tirado en la tierra. El
pequeño se ahogaba en un mar de sangre y con su brazo roto trataba de juntar
los pétalos de las rosas esparcidas y deshojadas flotando en
el mar de
sangre.
El pequeño
con sus últimas fuerzas le dijo
al ángel que llevara las rosas a su Madre y que le dijera cuanto la amaba,
entonces el pequeño dejo caer la cabeza sobre las rosas y murió.
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