viernes, 30 de marzo de 2012

LOS EXTRAÑOS CAMINOS DE DIOS



Un joven citadino estaba fastidiado de la vida y de la hipocresía de la humanidad. Claramente podía ver la maldad de la gente, el sufrimiento de los inocentes y la indiferencia de la mal llamada sociedad. Con su simple vista veía todo lo negativo de la vida. El joven no creía que existiera Dios, puesto que un Dios amoroso no permitiría tal sufrimiento en sus hijos y si lo permitía lo más probable es que fuera un Dios terrible y vengativo.
            Al cumplir dieciocho años de edad, el joven decidió que se convertiría en un ermitaño. Allá, en las montañas que se elevan por encima del bosque tenía una pequeña cabaña y unas parcelas. Él podía vivir tranquilamente en su cabaña y sembrar su propio alimento, además de tener algunas gallinas y chivas, que le dieran huevos, leche y carne.
            Pasaron dos años y el joven vivía en completa felicidad siendo un ermitaño. En las colinas, encima del bosque no había violencia, ni sufrimiento, ni hipocresía, ni nada negativo, Dios tampoco era necesario en ese feliz mundo o al menos eso pensaba el joven ermitaño, pues había algo que le faltaba al joven, sentía un hueco dentro de su cuerpo.
            Un día al despertar vio a un ser de luz con grandes alas blancas parado frente a su cama. El joven se espantó y trató de escapar de la cabaña al creer que moriría, pero el ángel lo detuvo y le dijo:
            -No temas, yo no he venido a matarte, mas al contrario he venido  a darte una lección  para que  creas en Dios y entiendas el porque del sufrimiento humano. Quiero que des un paseo por el bosque conmigo y te mostraré los extraños caminos de Dios.
                El joven aceptó ir con el ángel más por miedo que por convicción, pero aceptó.
            Ambos personajes salieron de la cabaña y el ángel se transformó  en un hombre normal. El joven estaba maravillado por la presencia, el poder y la autoridad con la que hablaba el ángel.
            Durante todo el día caminaron por el bosque sin hablar una sola palabra. Al anochecer llegaron a una casa cuyo dueño los recibió cordialmente, les dio una rica cena y les preparó una cómoda cama.
            -Este ha sido un día muy especial, uno de los más felices de mi vida, y debemos celebrarlo, mi enemigo se ha reconciliado conmigo y en prenda de amistad me ha regalado esta copa de oro que guardaré entre mis más preciados tesoros, -les dijo el anfitrión-.
            A la mañana siguiente se levantaron temprano para continuar su camino, le agradecieron su atención y le desearon la bendición de Dios por su hospitalidad. Pero antes de despedirse, el joven notó que su compañero tomaba secretamente la copa de oro y la guardaba entre sus ropas. Quiso reprobarle su ingratitud, pero el ángel le dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Al mediodía llegaron a otra casa, la de un avaro que les negó hasta el agua para beber y los llenó de burlas e insultos para alejarlos de su casa. El ángel sacó la copa de oro y la entregó al avaro, quien la recibió con sorpresa y codicia.
            -¿Qué haces? –preguntó intrigado el joven-.
            Pero el ángel, poniendo el dedo sobre los labios le respondió:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            A la caída de la noche, golpearon a la puerta de una choza miserable, era la de un hombre que luchaba contra la adversidad que parecía ensañarse contra él. A pesar de todo su trabajo, había tenido que vender su propiedad, parcela por parcela y lo único que le quedaba era la choza derruida.
            -Soy muy pobre, -les dijo el hombre-. Pero no puedo permitir que continúen su camino hasta mañana, la noche es fría y oscura, y la senda es peligrosa a estas horas. Pasen a compartir con mi familia lo poco que tenemos.
            A la mañana siguiente le agradecieron su hospitalidad y se despidieron.
            -Dios te ayudará, -le dijo el ángel-.
            Pero cuando el hombre se dio vuelta para llamar a su esposa, el ángel colocó secretamente en el techo un fuego que media hora después habría de reducir a cenizas la choza y todo cuanto ella guardaba.
            -No seas perverso, -casi le gritó el joven al oído al mismo tiempo que trataba de detenerle la mano.
            Pero el ángel le respondió:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Al tercer día, al anochecer, llegaron a la casa de un hombre que los recibió cortésmente, pero que parecía preocupado y taciturno,  ausente  de  lo  que  sucedía  alrededor.  No  mostraba alegría sino ante la presencia de su único hijo, un muchachito inteligente y despierto.
            Al otro día al despedirlos, los acompañó un trecho del sendero, pero luego les dijo:
            -Los acompañaré sólo hasta aquí. Mi hijito les mostrara el camino hasta el puentecillo del torrente. Su corriente es rápida y profunda, les ruego que cuiden de él para que no le suceda alguna desgracia.
            -Dios velará por su bien, -le respondió el ángel estrechando la mano del padre.
            Cuando llegaron al puente, el niño quiso volverse, pero el ángel le ordenó.
            -Pasa delante de nosotros.
            Y cuando el niño estuvo en medio del puente, lo hizo caer a la espumosa y fuerte corriente. El ermitaño gritó desesperado:
            -Pero no entiendo porque eres tan malvado, ya no quiero caminar contigo.
            Pero el ángel le reprimió fuertemente y le dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Y continuaron su camino a través del denso bosque.
            Al atardecer del cuarto día llegaron a una carretera que cruzaba por el bosque. El ángel comenzó a pedir aventón, alzando su dedo pulgar. Unos minutos después se detuvo un auto gris. El conductor era un jovencito de aproximadamente veinte años de edad, y en el asiento contiguo iba una señorita hermosa pero desarreglada. Durante el camino, los cuatro viajeros guardaron silencio. El chofer aparentaba una fuerte preocupación, la señorita se notaba claramente molesta, el ermitaño estaba lleno de ira por la reprobable actitud del ángel, y este último guardaba silencio como si esperara algo importante. Minutos más tarde, el ángel se abalanzó contra el chofer, tomó el volante e hizo que el auto volcara. El joven chofer salió por el vidrio delantero y quedó a la orilla del camino, la jovencita estaba atrapada dentro del auto,  el ermitaño y el ángel salieron del auto totalmente ilesos. El ermitaño corrió hasta donde estaba el joven y notó con espanto que había muerto, después se asomó al interior del auto y vio a la señorita con vida, pero muy lastimada de la espalda. El ermitaño corrió hasta el ángel e intentó golpearlo  furiosamente, pero el ángel le detuvo las manos y lo paralizó.
            -Eres un maldito asesino, -le gritó-. Antes no creía en la existencia de Dios y si creía lo imaginaba como un Dios malo e insensible, pero después de este horrible viaje por el bosque a tu lado he comprendido que Dios sí existe y también comprobé lo que creía, Dios es malo y todos sus ángeles también.
            El ángel guardó silencio por un momento y tapando con sus manos los ojos del ermitaño dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Cuando el ángel quitó sus manos de los ojos del ermitaño ya estaban de nuevo en la cabaña en las colinas sobre el bosque. El ángel abandonó su apariencia de humano y se transformó nuevamente en el hermoso ser de luz que era, las alas blancas del ángel abrazaron al dolorido ermitaño y  con sus ojos lo llenó de paz y amor. Con dulces palabras el ángel le dijo al joven ermitaño:
            -Mira, ha llegado el momento de que te explique lo sucedido para que así puedas comprender los extraños caminos de Dios...
            -Escucha, -dijo el ángel-. La copa que sustraje al hombre hospitalario estaba envenenada; el avaro, en cambio de sus pecados y de su inutilidad en el mundo, beberá en ella su propia muerte; el pobre y trabajador removerá los escombros para levantar de nuevo su casa y hallará bajo las cenizas un tesoro que lo salvará a él y a su familia de la miseria  de aquí en adelante;  el hombre cuyo hijito hice caer en el torrente proyectaba un asalto en el camino mañana, y pensaba llevar por primera vez a su hijo para que aprendiera a ser salteador. Así el muchacho habría llegado a ser un asesino. La pérdida del hijo lo hará reaccionar  y buscará el buen camino,  mientras que el niño murió en estado de inocencia y se salvará; por último, los jóvenes que nos llevaron en su auto eran novios, el muchacho era bueno y amaba al señor, pero la señorita estaba desubicada y era una mala influencia. Esta tarde se dirigían a un hotel en donde cometerían el pecado de la fornicación, pero el muchacho no quería y al vernos se arrepintió, por eso decidió darnos el aventón, también por eso la señorita estaba tan molesta. El joven murió en inocencia y arrepentimiento, y se salvará. La muchacha quedará paralítica y eso la ayudará a enderezar su camino y regresar al amor de Dios. Años después se casará con un predicador, podrá caminar de nuevo y tendrá una linda familia.
            Si no te los hubiera revelado, tú no podrías comprender los propósitos de  Dios en  esta  serie  de hechos  inexplicables  a  tu manera. Has tenido un ejemplo de los extraños caminos de Dios. Ahora, no te preocupes más por ellos en el porvenir.
            El ermitaño se quedó a las afueras de la cabaña viendo como el ángel se elevaba como una luz entre las estrellas.
            -Desde hoy seré un hombre nuevo, -se prometió-. Ya no me quejaré,  creeré en  Dios con  todo mi  corazón y  me dedicaré  a predicar de sus caminos a todos los habitantes del bosque y de la ciudad.
            Y así lo hizo.
            Dos años después del maravilloso encuentro con el ángel,  el ermitaño convertido en predicador se encontraba hablando de los caminos de Dios en un salón de la ciudad, cuando de pronto vio entrar por la puerta principal a una hermosa mujer sentada en una silla de ruedas, inmediatamente la reconoció, era la señorita del accidente. El joven caminó rápidamente hasta donde se encontraba la señorita y la saludó con gusto, y le prometió que si tenía fe, Dios muy pronto cambiaría su vida. La joven al ver al predicador se llenó de admiración por él y tiempo después se encontraba totalmente enamorada, y era bien correspondida. Un año después, el predicador y la señorita paralítica se casaron; para sorpresa y maravilla de todos, la jovencita, hermosa novia, entró caminando a la iglesia, ya no era más una paralítica.
            Años después, la familia ya estaba formada por cinco personas, las bendiciones de Dios se derramaban sobre ellos.
            Ese hombre, una vez ateo, y esa mujer, una vez perdida, han dedicado su vida completa a predicar el amor de Dios, y han logrado que cientos de personas comprendan y sigan por los extraños caminos de Dios...      

EL ARBOL DEL FRUTO EXTINTO



Podría haber sido un día cualquiera, con el mismo aire y el mismo sol, las mismas nubes de siempre y la misma gente. Podría haber sido cualquier día, uno más, como todos los demás, pero no fue así, fue un día especial, diferente a cualquier otro día que recuerde, muy diferente.
             Al despertar no vi mi ventana, ni mis paredes, estaba recostado sobre un pasto fino y suave, bajo las nubes más blancas que he visto. El aire, también se respiraba diferente, como un líquido transparente, etéreo. Todo era diferente, mejor o peor, no lo sé, pero seguro, diferente.
            Frente a mis ojos, que también miraban diferente, estaba un árbol extraño, desigual al resto de los árboles y tenía un solo fruto, hermoso y oloroso, llamativo en todos sentidos. Me acerqué al árbol diferente y tomé el fruto entre mis manos. Lo comí, lentamente, saboreando cada mordida.
            -Has comido el último fruto de mis ramas, extinto la esperanza que quedaba. –Me gritó el árbol desesperanzado-.
            ¿Qué dices? –Le pregunte extrañado-. No entiendo lo que pasa.
            -Yo soy el árbol de la hermandad y de la paz, de la sabiduría y el amor. Yo soy ese árbol que daba equilibrio a la vida y mis frutos eran buenos para los humanos. Tú has comido el último, ya no habrá esperanza para tus hermanos.
            -Lo lamento, yo no sabía. He cometido un grave error. ¿Cómo podré remediarlo?
            -Deberás esparcir nuevas semillas por el mundo, llenar de árboles el planeta, que den más frutos para que todos coman.
            En ese instante desperté, todo había sido un sueño. Respiré el mismo aire de siempre y todo se veía igual que siempre. No entendí lo que había soñado o tal vez, no quise entenderlo. Lo único que se es que podría haber sido un día cualquiera, pero no lo fue, era diferente.

GALERIA IV



La modernidad y lo clásico en una mezcla perfecta, entre lo sencillo y el lujo. Una galería por encima de la tierra que la sustenta, muy por encima, como si fuera un sueño de sus deseos más profundos, inalcanzables, pero que a la vez se ha materializado en el mismo centro de su existencia. Esto es lo que vi en ese mundo irreal en el que cada día hábito sin pertenecer a él.


I
Sacrosanto.

Mil y un cuadros, todos ellos de santos y vírgenes, de Cristos crucificados y de ángeles eternos.
            -Que felices han de ser, -pensé-, tan cerca de la gloria de Dios.
            En ese mismo instante todos los cuadros se empezaron a mover y con lágrimas de sangre brotando de sus ojos me dijeron en coro:
            -Que no ves nuestro sufrimiento, mira los rostros dolidos por la cruz que llevamos a cuestas. Estamos aquí eternamente, mirando al cielo sin poder llegar. Somos infelices, lejos de la gloria de Dios.
            -Lo lamento mucho… yo… pensé… no podía comprenderles, he visto ya su dolor, la santidad es sufrimiento.
            Los cuadros me rodearon y me hicieron sentir su profundo sufrimiento, después, en un segundo, volvieron a ser los mismo oleos sin vida que desde tiempos antiguos han sido. Esa era la parte más alta de la galería, bajé los escalones de mármol y me alejé de esa casa de dolor artístico.


II
Abstractos

En la siguiente galería había muchos cuadros de formas sin forma, de colores indefinidos a mi mente, de ideas que son y dejan de ser en un sueño. Extraños ante la vista de los comunes, exquisitos ante la mirada experta de los sabios.
            -No los comprendo, -dije en voz alta-, y si no los comprendo los vuelvo nada.
            En cuanto terminé de hablar la galería se volvió un espectáculo multicolor, todas las formas y los colores, las ideas y los sueños giraban en la galería y en voces de eco gritaban:
            -No podrás volvernos nada, somos lo que somos aunque no nos comprendas, porque siempre habrá una mente que nos vuelva todo con la comprensión. Así somos y somos grandes.
            Las formas, los colores, las ideas y los sueños volvieron a sus cuadros. Yo no les comprendí del todo, así que mejor me fui, dándoles una rápida mirada, al siguiente salón.


III
El puerto.

Un cuadro excepcional. Su marco de finos troncos entrelazados, ramas, podrían decir algunos, denigrando a los troncos pequeños. Su cuadro en sepia de un puerto antiquísimo, con árboles, casas y el mar ya casi ilegibles.
            -Que belleza, que paz, -retumbó mi mente-, ese es un lugar exquisito. Quisiera estar ahí.
            En ese momento un torbellino breve y fuerte me adentró en el cuadro de marco en tronco. Adentro era más bello aún, a la distancia se veía el sol ocultándose en el horizonte pálido del mar. Todo era tranquilo y silencioso. En este cuadro no hubo reclamas de tristeza ni de incomprensión. La simpleza puede llegar a ser lo más bello del mundo.
            Salí del cuadro en el mismo torbellino y lo observé con la mente pausada. Fue bello, me llenó de paz, pero nada es para siempre, lo tuve que dejar y continuar por el salón viendo otros cuadros.


IV
El viajero

Un viajero solitario miraba hacia el horizonte, el desierto se extendía ante sus pies, se volvía infinito junto a las montañas. El hombre miraba como esperando no sé que cosa. En la soledad, con su sombrero y su gabardina, el sol ocultándose tras las montañas lo pintaba todo de gris.
            -¿Qué mirará? –pensé-. ¿Qué estará esperando?
            Un tenue rayo de luz brotó del horizonte del cuadro y me atrajo hacia su interior. Quedé parado justo frente al viajero.
            -¿Quién eres? –preguntó extrañado-.
            -Soy un viajero como tú, he estado observándote desde afuera y me pregunto que miras y que esperas.
            -Miro el horizonte, las montañas y el desierto, la belleza de cada cosa, la escasa luz que el sol al escapar nos deja. Sé, espero algo pero no recuerdo que, es tanto el tiempo que he esperado que ya olvidé lo que espero, pero aunque no lo recuerde seguiré esperando hasta que llegue lo esperado.
            -Respeto tu decisión, es digna de admirarse y espero que pronto veas venir lo que tanto esperas, mientras tanto sigue observando el horizonte, el desierto y las montañas, esa tenue luz te seguirá acompañando.
            Salí del cuadro en el rayo de luz y el viajero continuó mirando y esperando. Fue un retrato casi surrealista. Yo seguí mi camino por el salón.
 

V
La guardiana del huevo negro.

Rareza, esa sería una buena palabra para describir el cuadro que estaba frente a mis ojos. Una mujer sin cabello y vestida de amarillo, vestido largo hasta el suelo rojo con negro. Una capa azul turquesa le caía por los hombros. La mujer parecía estar sentada sobre el viento y entre sus piernas un huevo negro. Lo cuidaba, era su guardiana. El horizonte se pintaba en fuego.
            -¿De qué será ese huevo que tan fielmente proteges?
            El fuego del cuadro me consumió  y me reunió de nuevo en su interior. La mujer tomó el huevo con cariño entre sus manos y me dijo:
            -Hay secretos tan místicos y profundos que es mejor no conocerlos. Lo que este huevo  contiene es uno de esos secretos, ni yo misma lo conozco, lo único que sé es que debo protegerlo hasta que su dueño venga por él. Ya llegará el momento de saberlo.
            -Es extraño, -le dije a la mujer-, proteges tan fielmente algo que no sabes lo que es.
            -No lo entenderías nunca, -me dijo-, pero créeme, tú mismo tienes algo que proteger, sin conocerlo y lo haces sin darte cuenta.
            El fuego me expulsó del cuadro antes de que pudiera hacerle más preguntas. Me quedé mirándola, protegiendo su huevo negro con gran paz y felicidad.
            No entendí, pero hay secretos que es mejor dejarlos dentro de su huevo, hasta que llegue el momento exacto en que deban nacer.
            Terminé de ver los cuadros de la galería y emprendí el viaje de regreso a mi refugio. No me puedo ir del todo de esa galería, yo mismo pertenezco a sus misterios.  

LOS VIDRIOS Y LAS PIEDRAS



Había un hombre que era ciego y vivía solo en una casa muy pobre, la gente lo veía caminando por las calles, pidiendo limosna y recogiendo vidrios y piedras. A todos les parecía raro, pero nadie se ocupo de investigar.
            Hasta que un día un extranjero notó la extraña costumbre del ciego y le preguntó:
            -Buen hombre, he visto tu forma de actuar y me gustaría saber porque lo haces. Dímelo y haré un gran bien por ti y te daré mi amistad.
            En ese mismo instante el hombre ciego se agachó y recogió del suelo un vidrio.
            -Sígueme, -dijo y empezó a caminar-.
            Llegaron a la casa del ciego, que era muy pobre, casi unas tapias. Entraron a la casa y el ciego le dijo a su nuevo amigo:
            -Cada vez que alguien me maltrata recojo una piedra y la pongo en ese rincón.
            El extranjero sorprendido vio que el montón de piedras era enorme.
            -Cada vez –continuó el ciego- que alguien me trata bien, recojo un vidrio y lo pongo en la pared.
            La pared estaba un tanto oscura, así que el extranjero se acercó más  y encendió una pequeña lámpara que traía en su bolsillo. ¡Que maravillosa sorpresa encontró! Los vidrios que el ciego había pegado en la pared eran pocos, pero habían formado una imagen hermosa. Era el rostro de Yeshúa.

miércoles, 28 de marzo de 2012

EL SABIO Y LA MUJER FINA




Un viejo sabio estaba de visita en la cálida y polvosa ciudad. Todas las personas querían verlo, hablar con él, pues su sabiduría era reconocida en todo el mundo. La mujer más fina de la ciudad no era la excepción. Ella también quería conocer en persona al sabio. Movió sus influencias con los lideres de la ciudad y logró que se organizara una comida en honor al sabio en su casa, ahí estarían los más ricos, finos e inteligentes de la comarca, sería una gala que el sabio no podría olvidar jamás, quedaría más que complacido.
            El gran día por fin llegó. El gran sabio tocó a la puerta de la lujosa mansión, venía solo, sin corte. A la puerta se asomó una mujer pequeña, humilde, con uniforme de sirvienta.
            -Buenas tardes señor –dijo la pequeña mujer-. ¿A quién voy a tener el placer de anunciar?
            -Soy un hombre venido de lejos, me esperan a comer en este lugar.
            -Pase usted por favor, en seguida lo anuncio.
            Cuando los invitados y la mujer fina vieron que el sabio se acercaba, se extrañaron, pues aquel sabio no traía un traje de lujo, ni una corte real. Traía una ropa de lo más simple y el en su persona se veía humilde. A pesar de eso, ellos sabían que era un gran sabio y lo trataron con toda atención y buena educación.
            Después de un rato de preguntas inútiles que hacían los invitados que el sabio componía con gran sabiduría en sus respuestas, llegó la hora de comer. Todos pasaron a la mesa y la pequeña sirvienta sirvió los alimentos.
            Todo estuvo delicioso –dijo el sabio al final de la comida-. Les agradezco en gran manera su cortesía y su hospitalidad. Ahora ha llegado el momento de entregar un regalo muy especial que he traído de lejanas tierras. Es una joya de belleza sin igual y se la voy a entregar a la persona más fina, de más clase de esta casa y de toda la comarca.
            Todos tronaron ansiosamente sus dedos, a pesar de que nadie había visto la joya todos la codiciaban. El sabio se puso de pie y anunció al ganador de la joya.
            -Entrego esta joya preciosa –dijo con voz queda- a la persona más fina de este lugar. Pero no la veo en la mesa, no esta aquí.
            Todos se pusieron nerviosos y un tanto molestos porque se dieron cuenta que la joya no les correspondía.
            -¿Quién es esa persona? –Dijo la mujer fina anfitriona de la gala-.
            El sabio, con un tono delicado y pausado dijo:
            -La pequeña mujer que me ha abierto la puerta.
            En la casa se escuchó una exclamación, mezcla de coraje y asombro.
            -¿Pero que burla es esa? –dijo la mujer fina-. ¿Cómo puede ser ella la persona más fina de la comarca? Aquí reunidos estamos los más importantes, grandes doctores, políticos, ricos en general, somos todos finos, elegantes, distinguidos. Esa pequeña mujer no es más que una criada, una muerta de hambre.
            El sabio les pidió calma y les explicó:
            -Ustedes tienen educación, dinero y poder, pero no fineza. Una persona fina es educada, amable, comprensiva con los demás. No hace acepción de personas, a todos los saluda y nunca falta los buenos modales. Ustedes maltratan a sus trabajadores y se sienten superiores a los que tienen menos. Son incapaces de decir unos buenos días o unas gracias, a menos que sea a alguien de su altura. Son maleducados en todos los sentidos. Aquí, la única que tiene los requisitos para ser una persona fina y recibir la joya, es la pequeña mujer que sirvió la comida.
            El sabio le habló a la mujer y le dijo:
            -Fina mujer, te entrego una joya de incomparable valor y belleza.
            El sabio estiró sus manos y le entregó a la mujer un libro de sabiduría. La mujer lo tomó entre sus manos y lo abrazó emocionada. Era el mejor regalo que le habían dado en su vida. Todos los demás quedaron decepcionados, ya no trataron igual al sabio. Pensaban que era un embustero, egoísta y tacaño. El sabio se fue de la casa en busca de los finos de la ciudad, que obviamente, no estaban en esa casa.
            Los grandes ricos y poderosos de la ciudad se quedaron en la casa de la mujer fina doloridos y rubicundos. Todos se decían para si:
            -¿Para que queremos sabiduría y educación si tenemos poder y riquezas? 

GUIANDO CIEGOS



Un  grupo de hombres caminaba en silencio cuando de pronto uno de ellos señaló hacia una puerta que tenía un cartelón colgado:
            “Se guían ciegos”.
            Los hombres se llenaron de curiosidad y se dirigieron a la puerta, la empujaron despacio y uno a uno, entraron al lugar. Ahí había un sofá, un escritorio y un hombre ciego detrás del escritorio. Los hombres se burlaron en silencio y apuntaban al ciego.
            -¡OH! Pobres sordos insensatos. –Dijo el ciego-. Que no ven que yo guío ciegos y ustedes son sordos, puedo ver sus palabras de burla y sus dedos acusadores, pero no los recrimino, porque he entendido con el paso de los años que quién no te comprende te esclaviza un poco. Ustedes necesitan un guía de sordos, a unas cuantas calles hay uno, vayan con él y dejen que yo guíe a mis ciegos por nuestro mundo de luz.
            Los sordos se fueron sin comprender del todo lo que el ciego les había dicho con la mirada, pero mas callados que nunca porque entendieron la razón de aquel a quien  juzgaban por no comprenderlo.
            Caminaron un poco más y uno de ellos escuchó con los ojos una canción que decía:
            “Se guían sordos”.
            Los hombres sordos entraron deprisa y al ver a los ojos al guía de sordos comprendieron a la perfección lo que había dicho el hombre ciego.
            “Quién no te comprende te esclaviza un poco y para guiarte hacia la verdad solo aquel que te comprende.”

SIN UNA RAZÓN




Un día, mi alma despertó y me dijo:
            -No entiendo el porque de este profundo dolor, explícame la razón del sufrimiento que tengo. Dime porque a diario sufro la soledad y la tristeza. No encuentro la verdad de este dolor.
            Yo me quedé pensando en esa razón, hurgué en lo más profundo de mis pensamientos y después le dije a mi alma:
            -La razón de este dolor, es la tragedia que ha envuelto a nuestras existencias; la muerte del ser amado, la sangre derramada sobre el frío de las rocas, las heridas lacerantes de la carne viva que también debió morir. Después, la traición de lo que estúpidamente se creyó la luz salvadora, el vacío que ha quedado, esa es la razón de tu profundo dolor querida alma. Además de las tragedias cotidianas que…
            Mi alma interrumpió bruscamente:
            -No creó que esas sean buenas razones para perderme, es verdad que es doloroso, pero porque no has sido capaz de ver lo bueno que la vida te da, sólo miras lo malo, es hora de que pienses en un renacimiento.
            Mi corazón escuchó la conversación y se aunó a ella:
            -El alma tiene razón, debemos renacer, estoy cansado del dolor, de latir tan lentamente. Lléname de paz y amor, hazme vivir de nuevo.
            -Tienen razón, -dijo mi mente-. Estoy harta de estar siempre turbada y confundida, quiero limpiarme de toda inmundicia y empezar por un nuevo camino una nueva vida, aún estamos a tiempo de salvarnos y encontrar la paz y la felicidad.
            -¿Pero como haremos eso? –Pregunté un tanto incrédulo-.
            Mi espíritu se elevó y con voz de esperanza me dijo:
            -Yo tengo la respuesta a todo esto, déjame ese trabajo a mí. Deja de recordar el dolor de tu alma, deja de pensar en razones sin razón y ya no endurezcas más el corazón. Tan sólo permíteme darle cabida a Dios en nuestra existencia y todo lo demás vendrá a segundo término. Cuando estemos llenos de la paz y el amor del cielo, el alma no sentirá dolor, la mente no estará perturbada y el corazón será blando y limpio, y lo más importante, tu espíritu será eterno. Dame la oportunidad.
            Enmudecí, sabía que tenían razón, entonces descubrí que no existía una sola razón para vivir en la amargura, ni una sola razón.   

DESCUBRIENDO CONTINENTES




Algunas personas se sienten confiadas y seguras teniendo los pies en tierra firme. No les gusta correr riesgos, son felices con lo que tienen y ahí se quedan. Algunas veces miran al mar de lejos y juzgan locos a los que se arriesgan inútilmente en esas peligrosas aguas. A estas personas les gusta la tierra firme y ahí están bien.
            A otros les gusta navegar, pero sólo en aguas tranquilas. En cuanto ven a la distancia una tormenta, regresan a tierra firme. A estos les gustan las aventuras sin riesgos mayores, jamás se arriesgan en las tormentas o en aguas desconocidas. A estas personas les gustan las aguas tranquilas y ahí están bien.
            A otros, en cambio, les gusta arriesgarse, disfrutan cruzar las tormentas más fuertes y recorrer mares desconocidos, no le temen a nada. Son osados y nada los detiene. A estas personas, los demás los miran como si hubieran perdido la razón, los creen locos, pero al final del viaje, estas personas son las que descubren nuevos continentes.  

ESPERANZA




Llega un momento en la vida en que el corazón sabe que lo que perdió nunca más será recuperado y a la vez ignora si algún día obtendrá lo que desea. Que tristeza me da imaginar que lo que se fue no volverá jamás.
            La luna me mira en silencio y llora junto conmigo rayos de sal. Me dice:
            -Abrázate de la luz que reflejo y limpia con mis cenizas tus lágrimas de cristal. Obtén del calor de los tiempos consuelo para olvidarte de lo que ya se fue. Nunca volverá, no lo podemos saber. Canta un himno de esperanza y elévate a la altura de la fe, quizá deseas algo para ti, tal vez venga algo mucho mejor. Mientras llega el momento, abrázate de la luz que reflejo.
            Llega la mañana y me encuentra abrazado a la luz de la luna, al despertar se esfuma el abrazo y el llanto vuelve a mis ojos. 
            El sol me mira incrédulo y sonríe con gran calidez. Me dice:
            -Mira el verdor de los campos, el colorido de la tierra. Escucha la canción de los vientos, el ronroneo del mar. Aprecia la hermosura de todo. Anoche estaba en silencio la vida y todo era del mismo color, pero hoy, que es de día, todo está mucho mejor. No llores más, la vida es buena y si antes has llorado, lo sé, te lo prometo, mañana reirás.     
            Me fui con el abrazo de la luna y el consejo del sol, sin llorar. Tal vez recuperé lo perdido y obtenga algo más.

SUEÑOS Y VISIONES



Los sueños son parte de nuestra vida, todos soñamos. Algunos todas las noches, otros sólo algunas. Muchos los recuerdan, otros los olvidan. Algunos les dan mucha importancia, para otros no importan.    
Así son los sueños. Yo tengo dos sueños que se repiten constantemente y perturban la paz de mi mente, y me gustaría saber si tienen un mensaje.
En la vida también existen visiones, estas son más extrañas y muy pocos son los que quieren hablar de ellas. Yo, repetidamente tengo una visión que perturba mi mente y mi vida, y m encantaría saber su simbolismo.
Estos son mis sueños y mi visión… 

I

El camino de las flores


Voy caminando tranquilamente por un camino a la orilla de un profundo barranco. De pronto un anciano se acerca a mí por el camino y en su mano trae una flor blanca, al estar cerca de mí, el anciano me entrega la flor y me dice:
-Mira como se deshoja la flor del cielo, pero no importa porque sólo una lágrima caerá de tu ojo. Al terminar de hablar el anciano se aleja por el camino del barranco.    
Más adelante me encuentro con una pequeña niña que trae una flor azul. Ella me entrega la flor y me dice:
-Que pronta se va la vida, ayer era un embrión, hoy envejezco, mañana polvo seré.
La niña se va llorando por el camino. Yo sigo caminando, en mi mano sostengo una flor blanca y una azul.
Después de caminar un rato junto al barranco que parece no tener final me encuentro con una mujer que lleva en su mano una flor roja. La mujer me entrega la flor y me dice:
-Si yo pudiera conocerte no te olvidaría jamás, serías mi todo, mas sin embargo, sólo eres mi olvido.      La mujer se aleja de mí por el camino y al alejarse me arroja besos con su mano, pero yo no la conozco.    
Después de mucho caminar aún conservo las tres flores. Pasa el tiempo sin que me encuentre a nadie más, pero después veo que un hombre se acerca a mí por el camino, su rostro y su cuerpo me son muy familiares, como si fuera un espejo y al acercarse más a mí descubro con horror que soy yo mismo.  
El otro yo trae en su mano una flor negra y sus espinas lo han hecho sangrar. El otro yo me entrega la flor y me dice:
-En vano has guardado las flores de color, el tiempo es cruel y las ha convertido en polvo que el viento esparcirá en el camino. En vano has caminado por el camino que no te llevará a ningún lugar. En vano te compadeces por la sangre de mi mano, al entregarte la flor negra, mi sangre se volvió tu sangre y ennegreció tu cielo, tu camino y tu corazón. En vano temiste a la profundidad del barranco, aún así caerás y te consumirás en sus llamas.    
Mi otro yo me mira y me dice:
-Sólo una lágrima caerá de tus ojos y jamás terminé de conocerte. Hoy seré polvo y tu olvido me regalará mil flores de color.
Al terminar de hablar mi otro yo se lanza al fondo del barranco. Con desesperación lo veo caer y grito desesperado. Es entonces cuando despierto sudando de frío…
 
II
Las cavernas del sagrado nombre

En una montaña alta encuentro una caverna y en su entrada un letrero que dice:
“Las cavernas del sagrado nombre; aquel que entre en ellas no podrá salir jamás”.    
La curiosidad me invade y pienso que si entro sólo un poco no pasará nada, doy dos pasos dentro de la caverna, observo que es muy amplia y que contiene impresionantes formaciones rocosas.  Quisiera entrar,  pero recuerdo el anuncio de la entrada y decido regresar. Doy la vuelta para salir de las cavernas y con terror veo que no hay salida, en donde estaba sólo queda una gran roca. La desesperación me invade al sentirme atrapado en las cavernas, pero pienso que en algún lugar de la caverna debe de haber una salida, así que decido buscarla antes que morir encerrado.
Comienzo a caminar por las cavernas, al caminar encuentro formidables bóvedas. Al llegar a cada bóveda leo un letrero que dice su nombre y lo que simboliza.    
“La bóveda del águila y el león”.
Significa el poder del cielo y de la tierra. Al entrar en esta bóveda observo una roca que parece el vuelo de un águila y otra que aparenta ser un fiero león. Para mi gran sorpresa las rocas comienzan a moverse, el águila y el león me miran e intentan atacarme, pero huyo veloz de esa bóveda.    
Sigo buscando la salida de las cavernas del sagrado nombre. Recorro pasillos de estalactitas y estalacnitas, la humedad intensa me sofoca y la escasa luz proveniente de  no sé donde apenas me permite ver mi camino.   
“La bóveda de la gran cascada”. 
Significa la caída de la vida. En esta gran bóveda hay miles de cavernas  pequeñas y  pienso que  una  de  ellas  puede  ser la salida. Hay también una cascada de piedra que repentinamente se transforma en agua pura y cristalina que corre por toda la caverna en forma de río, bebo de sus aguas y calmo un poco mi calor. Al estar más fresco comienzo a buscar la salida en las pequeñas cavernas pero siempre termino en otra caverna.  La bóveda de la gran cascada comienza a inundarse y tengo que abandonarla para no ahogarme.    
Sigo caminando dentro de las cavernas y pronto encuentro otra bóveda, su nombre es:
“La bóveda de la luz”.
Significa la esperanza de salir de la oscuridad. En ésta bóveda hay un hueco  pequeño que llega hasta la superficie de la tierra. Al estar el sol en alto entra la luz e ilumina toda la bóveda, ese pequeño hueco me permite ver por un instante el exterior de la caverna y me llena de esperanza. (Si fuera una mosca podría ser libre).    
Sigo buscando la salida lleno de esperanza, pero no la puedo encontrar, y por más que busco, nunca la encuentro, y despierto llorando de miedo…    


III
La propia muerte

A la distancia, con el sol ocultándose tras las montañas, veía la silueta de un hombre que, tenazmente acomodaba grandes piedras en forma de montículo justo al pie de un enorme árbol. Todo se veía oscuro, entre las sombras y no podía distinguir con claridad la identidad del hombre, ni lo que construía con las piedras, ni tampoco la clase de árbol que estaba junto a él. De pronto, un poderoso rayo descendió del cielo y partió en dos al enorme árbol. El fuego iluminó el rostro del hombre y pude ver que era yo, la construcción de piedras era un sepulcro, y un letrero decía mi nombre. ¡Era mi propio sepulcro! Yo mismo me había sepultado…
Inmediatamente cambiaba la escena…
Un niño escarbaba entre una pila de cráneos, mientras sus ojos derramaban un triste llanto. Yo miraba desde la distancia sin entender lo que aquel pequeño buscaba y sin comprender su terrible dolor. De pronto, en el rostro del niño se dibujaba una gran sonrisa, al parecer había encontrado lo que con tanto afán buscaba. De un brinco se acercó a mí. Sus manos sostenían algo por detrás de su  espalada y  cuando  mostró  lo que  era  noté  que su preciado objeto era mi cráneo. ¡Era mi propia muerte! Yo mismo me había matado.
Estos son mis sueños y mi visión, no los puedo entender, pero si hay alguien que me los pueda explicar le estaré eternamente agradecido.        
 

GALERÍA III



A plena luz del día la luna iluminaba mi más viejo recuerdo y mi más anhelado futuro. Las viejas calles de adoquín me veían caminar de nuevo sobre ellas y la más privada libertad me daba la bienvenida con el chillar de un canto gótico a una gran galería de arte abstracto, tan abstracto que aún las mentes más educadas en estas artes batallarían para comprender. Pero yo siempre he sido capaz de ver más allá de lo entendible, así que me adentré a esa aventura en el centro de la vejez.


I
Mural

Una bóveda de enormes dimensiones apareció frente a mi vista. Los murales iban desde el piso de mármol hasta el techo de seda roja. Las formas, trazos, colores, ideas, todo en los murales era diverso.
            -¡Oh que maravilla!, el autor expresa la belleza y el amor de mil formas, -dije en voz alta-.
            En ese momento las figuras de cuerpos femeninos, fetos, hombres sin cabeza y otras formas sin forma, comenzaron a moverse a mi alrededor y en coro cantaban:
            -No es la belleza ni el amor en mil formas, sino la única forma del dolor.
            Entonces comprendí el dolor de las mil formas; el dolor de nacer; de amar; de crecer; del sexo; de dejar de ser; el dolor de ser dolor.
            Pronto me alejé de la bóveda de los murales, lleno de un inexplicable y tranquilizador dolor.

II
Incomunicación

Un cuadro impresionante detrás de los murales me mostraba el rostro de un torero junto al rostro marchito de un toro. El capote y la sangre se vertían sobre ambos cuerpos indistintamente.
            -No entiendo, -dije-. Son enemigos o amigos íntimos, se matarán o se darán ayuda mutua.
            El cuadro guardó silencio. Una incomunicación entre ellos y entre mí. Un silencio agudo rozó mi boca y no pude hablar más, pero les hablé con los ojos, diciendo:
            -Son de carne, pelo y piel. Su sangre es del mismo color. Materia similar. Pintados sobre el mismo mar. ¿Entonces por qué se matan eternamente?
            Sin embargo el cuadro siguió en silencio, en una profunda incomunicación. Entonces me fui de es cuadro comprendiendo su nombre.


III
Concepto encontrado


Un gran salón vacío pretendía ser arte. Sus paredes vacías sin cuadros,  sus pisos lisos sin manchas.  No había nada en el gran salón, excepto, un vidrio rectangular en el centro del salón que se perdía casi por completo en el suelo liso. Me acerqué desconfiado al cristal y vi que estaba lleno de gotas de agua y de vapor por su parte de adentro. El cristal estaba unido al suelo, era imposible moverlo y también era imposible mirar hacia adentro porque las gotas de agua y el vapor obstruían la vista.
            -¿Qué quiso expresar el artista en esta obra tan rara? –Pregunté-.
            En ese preciso momento una luz pálida salió del cristal, me envolvió y me llevó al interior de la obra. Adentro era frío y húmedo, aparentemente era un sepulcro vacío. Miré al cielo desesperado por salir y vi que las gotas eran lágrimas de dolor y el vapor eran nubes de tristeza y entre las gotas se dibujaron unas letras que decían:
            “Concepto encontrado”.
            Poco entendí, salvo el dolor y la tristeza, pero aún así el arte me libertó.
 

IV
Fuera de la libertad

Que este lugar no se repita en la vida de nadie. Fuimos creados libres y libres debemos morir.
            Las palabras brincaban en el cuadro entre dibujos de Jesús. La vieja y horrible prisión se había transformado en la casa del arte. Con sus pasillos colgantes antaño castigos, hoy rodeados de color, luz, paz y aroma a libertad. Con sus cuartos pintados antaño celdas, hoy llenos de sueños, pesadillas, olvido y dolor. Antes sus paredes fueron lienzos, sus rejas marcos, hoy cuelgan de ellas los recuerdos del ayer.
            Un artista enclaustrado en el dolor, fuera de la libertad, pintó bellas esperanzas en el único cuadro en que podía pintar, fuera de la libertad. Y dio un bello deseo para todos los que aprecien más allá de lo que hay:
            “Que este lugar no se repita en la vida de nadie”.
 

V
La caída de la luz

La última bóveda de la galería estaba llena de esculturas de mil formas, materiales y colores. En su centro, en la pared más alta, colgaba un cuadro muy especial. En el cuadro estaban dibujadas unas montañas desérticas y una gran grieta las separaba. El sol ya se estaba ocultando y la luz que moría cruzaba entre la grieta de las montañas. La luz caía entre los majestuosos montes y al llegar al suelo, no detenía su caída, la luz seguía y seguía cayendo hasta llegar fuera del cuadro. Quise hablar con el cuadro, pero ya no tuve tiempo porque era hora de que el arte durmiera un poco.
            Me fui de la galería lleno de tranquilidad y de paz, rodeado de la oscuridad del cielo y de la oscuridad del sonido gótico. Fui feliz, porque miré en lo abstracto y lo comprendí…

martes, 20 de marzo de 2012

UNA FLOR PARA TI


 
En el cementerio resplandeciente de las flores estaba la más variada policromía y la más apacible atmósfera se saturaba con el perfume de las lágrimas de los jazmines y las gardenias, mientras las rosas y los claveles jugaban a vestirse como vírgenes y los jacintos admiraban su belleza.    
El ángel velador del cementerio de las flores vio entrar al más pequeño de la creación,  sus pasos eran indecisos y se dirigían justo al lugar donde jugaban las rosas y los claveles. El pequeño denotaba a través de sus ojos dolor y tragedia.     
Aquel pequeño corazón que estaba aprendiendo a latir ya dejaba rastros de sangre por el camino que pisaba y el ángel no pudo evitar llorar al contemplar la escena.   
El pequeño se detuvo ante las rosas y las miraba como queriendo llevárselas a un lejano lugar, el ángel guardián se acercó al pequeño y le preguntó que quería.
-Quiero estas rosas, las quiero más que cualquier cosa en la vida.
-¿Y para que las quieres? –Volvió a preguntar el ángel-.
El pequeño mirando al ángel fijamente con sus ojos tristes, le dijo:
-Las quiero para llevar felicidad a quien no la tiene, deseo ver una sonrisa  en unos labios  que sólo han  sangrado de dolor, las quiero para mi Madre, ella está enferma y paralítica y quiero verla feliz aunque sea sólo un instante.    
El ángel se quedó pensando y por fin le dijo al pequeño que tomara  todas  las  rosas  que  pudiera  y  que  fuera  en  busca de esa  sonrisa.  El pequeño le dio un beso en la mejilla como intercambio de las rosas y salió corriendo lo más rápido que pudo.    
El ángel, tratando de contener las emociones que se asoman por los ojos, volvió a sus actividades velando el cementerio de las flores. En ese momento escuchó el llanto de un dragón metálico queriendo frenar su vuelo, enseguida un golpe y un llanto aterrador, como si la más tierna carne fuera cortada por los colmillos del dragón.    
El ángel corrió hasta donde estaba el dragón y el pequeño tirado en la tierra. El pequeño se ahogaba en un mar de sangre y con su brazo roto trataba de juntar los pétalos de las rosas esparcidas y deshojadas  flotando en  el  mar  de  sangre. 
El  pequeño  con  sus últimas fuerzas le dijo al ángel que llevara las rosas a su Madre y que le dijera cuanto la amaba, entonces el pequeño dejo caer la cabeza sobre las rosas y murió.   
  
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