viernes, 30 de marzo de 2012

LOS EXTRAÑOS CAMINOS DE DIOS



Un joven citadino estaba fastidiado de la vida y de la hipocresía de la humanidad. Claramente podía ver la maldad de la gente, el sufrimiento de los inocentes y la indiferencia de la mal llamada sociedad. Con su simple vista veía todo lo negativo de la vida. El joven no creía que existiera Dios, puesto que un Dios amoroso no permitiría tal sufrimiento en sus hijos y si lo permitía lo más probable es que fuera un Dios terrible y vengativo.
            Al cumplir dieciocho años de edad, el joven decidió que se convertiría en un ermitaño. Allá, en las montañas que se elevan por encima del bosque tenía una pequeña cabaña y unas parcelas. Él podía vivir tranquilamente en su cabaña y sembrar su propio alimento, además de tener algunas gallinas y chivas, que le dieran huevos, leche y carne.
            Pasaron dos años y el joven vivía en completa felicidad siendo un ermitaño. En las colinas, encima del bosque no había violencia, ni sufrimiento, ni hipocresía, ni nada negativo, Dios tampoco era necesario en ese feliz mundo o al menos eso pensaba el joven ermitaño, pues había algo que le faltaba al joven, sentía un hueco dentro de su cuerpo.
            Un día al despertar vio a un ser de luz con grandes alas blancas parado frente a su cama. El joven se espantó y trató de escapar de la cabaña al creer que moriría, pero el ángel lo detuvo y le dijo:
            -No temas, yo no he venido a matarte, mas al contrario he venido  a darte una lección  para que  creas en Dios y entiendas el porque del sufrimiento humano. Quiero que des un paseo por el bosque conmigo y te mostraré los extraños caminos de Dios.
                El joven aceptó ir con el ángel más por miedo que por convicción, pero aceptó.
            Ambos personajes salieron de la cabaña y el ángel se transformó  en un hombre normal. El joven estaba maravillado por la presencia, el poder y la autoridad con la que hablaba el ángel.
            Durante todo el día caminaron por el bosque sin hablar una sola palabra. Al anochecer llegaron a una casa cuyo dueño los recibió cordialmente, les dio una rica cena y les preparó una cómoda cama.
            -Este ha sido un día muy especial, uno de los más felices de mi vida, y debemos celebrarlo, mi enemigo se ha reconciliado conmigo y en prenda de amistad me ha regalado esta copa de oro que guardaré entre mis más preciados tesoros, -les dijo el anfitrión-.
            A la mañana siguiente se levantaron temprano para continuar su camino, le agradecieron su atención y le desearon la bendición de Dios por su hospitalidad. Pero antes de despedirse, el joven notó que su compañero tomaba secretamente la copa de oro y la guardaba entre sus ropas. Quiso reprobarle su ingratitud, pero el ángel le dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Al mediodía llegaron a otra casa, la de un avaro que les negó hasta el agua para beber y los llenó de burlas e insultos para alejarlos de su casa. El ángel sacó la copa de oro y la entregó al avaro, quien la recibió con sorpresa y codicia.
            -¿Qué haces? –preguntó intrigado el joven-.
            Pero el ángel, poniendo el dedo sobre los labios le respondió:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            A la caída de la noche, golpearon a la puerta de una choza miserable, era la de un hombre que luchaba contra la adversidad que parecía ensañarse contra él. A pesar de todo su trabajo, había tenido que vender su propiedad, parcela por parcela y lo único que le quedaba era la choza derruida.
            -Soy muy pobre, -les dijo el hombre-. Pero no puedo permitir que continúen su camino hasta mañana, la noche es fría y oscura, y la senda es peligrosa a estas horas. Pasen a compartir con mi familia lo poco que tenemos.
            A la mañana siguiente le agradecieron su hospitalidad y se despidieron.
            -Dios te ayudará, -le dijo el ángel-.
            Pero cuando el hombre se dio vuelta para llamar a su esposa, el ángel colocó secretamente en el techo un fuego que media hora después habría de reducir a cenizas la choza y todo cuanto ella guardaba.
            -No seas perverso, -casi le gritó el joven al oído al mismo tiempo que trataba de detenerle la mano.
            Pero el ángel le respondió:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Al tercer día, al anochecer, llegaron a la casa de un hombre que los recibió cortésmente, pero que parecía preocupado y taciturno,  ausente  de  lo  que  sucedía  alrededor.  No  mostraba alegría sino ante la presencia de su único hijo, un muchachito inteligente y despierto.
            Al otro día al despedirlos, los acompañó un trecho del sendero, pero luego les dijo:
            -Los acompañaré sólo hasta aquí. Mi hijito les mostrara el camino hasta el puentecillo del torrente. Su corriente es rápida y profunda, les ruego que cuiden de él para que no le suceda alguna desgracia.
            -Dios velará por su bien, -le respondió el ángel estrechando la mano del padre.
            Cuando llegaron al puente, el niño quiso volverse, pero el ángel le ordenó.
            -Pasa delante de nosotros.
            Y cuando el niño estuvo en medio del puente, lo hizo caer a la espumosa y fuerte corriente. El ermitaño gritó desesperado:
            -Pero no entiendo porque eres tan malvado, ya no quiero caminar contigo.
            Pero el ángel le reprimió fuertemente y le dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Y continuaron su camino a través del denso bosque.
            Al atardecer del cuarto día llegaron a una carretera que cruzaba por el bosque. El ángel comenzó a pedir aventón, alzando su dedo pulgar. Unos minutos después se detuvo un auto gris. El conductor era un jovencito de aproximadamente veinte años de edad, y en el asiento contiguo iba una señorita hermosa pero desarreglada. Durante el camino, los cuatro viajeros guardaron silencio. El chofer aparentaba una fuerte preocupación, la señorita se notaba claramente molesta, el ermitaño estaba lleno de ira por la reprobable actitud del ángel, y este último guardaba silencio como si esperara algo importante. Minutos más tarde, el ángel se abalanzó contra el chofer, tomó el volante e hizo que el auto volcara. El joven chofer salió por el vidrio delantero y quedó a la orilla del camino, la jovencita estaba atrapada dentro del auto,  el ermitaño y el ángel salieron del auto totalmente ilesos. El ermitaño corrió hasta donde estaba el joven y notó con espanto que había muerto, después se asomó al interior del auto y vio a la señorita con vida, pero muy lastimada de la espalda. El ermitaño corrió hasta el ángel e intentó golpearlo  furiosamente, pero el ángel le detuvo las manos y lo paralizó.
            -Eres un maldito asesino, -le gritó-. Antes no creía en la existencia de Dios y si creía lo imaginaba como un Dios malo e insensible, pero después de este horrible viaje por el bosque a tu lado he comprendido que Dios sí existe y también comprobé lo que creía, Dios es malo y todos sus ángeles también.
            El ángel guardó silencio por un momento y tapando con sus manos los ojos del ermitaño dijo:
            -Silencio, estos son los extraños caminos de Dios.
            Cuando el ángel quitó sus manos de los ojos del ermitaño ya estaban de nuevo en la cabaña en las colinas sobre el bosque. El ángel abandonó su apariencia de humano y se transformó nuevamente en el hermoso ser de luz que era, las alas blancas del ángel abrazaron al dolorido ermitaño y  con sus ojos lo llenó de paz y amor. Con dulces palabras el ángel le dijo al joven ermitaño:
            -Mira, ha llegado el momento de que te explique lo sucedido para que así puedas comprender los extraños caminos de Dios...
            -Escucha, -dijo el ángel-. La copa que sustraje al hombre hospitalario estaba envenenada; el avaro, en cambio de sus pecados y de su inutilidad en el mundo, beberá en ella su propia muerte; el pobre y trabajador removerá los escombros para levantar de nuevo su casa y hallará bajo las cenizas un tesoro que lo salvará a él y a su familia de la miseria  de aquí en adelante;  el hombre cuyo hijito hice caer en el torrente proyectaba un asalto en el camino mañana, y pensaba llevar por primera vez a su hijo para que aprendiera a ser salteador. Así el muchacho habría llegado a ser un asesino. La pérdida del hijo lo hará reaccionar  y buscará el buen camino,  mientras que el niño murió en estado de inocencia y se salvará; por último, los jóvenes que nos llevaron en su auto eran novios, el muchacho era bueno y amaba al señor, pero la señorita estaba desubicada y era una mala influencia. Esta tarde se dirigían a un hotel en donde cometerían el pecado de la fornicación, pero el muchacho no quería y al vernos se arrepintió, por eso decidió darnos el aventón, también por eso la señorita estaba tan molesta. El joven murió en inocencia y arrepentimiento, y se salvará. La muchacha quedará paralítica y eso la ayudará a enderezar su camino y regresar al amor de Dios. Años después se casará con un predicador, podrá caminar de nuevo y tendrá una linda familia.
            Si no te los hubiera revelado, tú no podrías comprender los propósitos de  Dios en  esta  serie  de hechos  inexplicables  a  tu manera. Has tenido un ejemplo de los extraños caminos de Dios. Ahora, no te preocupes más por ellos en el porvenir.
            El ermitaño se quedó a las afueras de la cabaña viendo como el ángel se elevaba como una luz entre las estrellas.
            -Desde hoy seré un hombre nuevo, -se prometió-. Ya no me quejaré,  creeré en  Dios con  todo mi  corazón y  me dedicaré  a predicar de sus caminos a todos los habitantes del bosque y de la ciudad.
            Y así lo hizo.
            Dos años después del maravilloso encuentro con el ángel,  el ermitaño convertido en predicador se encontraba hablando de los caminos de Dios en un salón de la ciudad, cuando de pronto vio entrar por la puerta principal a una hermosa mujer sentada en una silla de ruedas, inmediatamente la reconoció, era la señorita del accidente. El joven caminó rápidamente hasta donde se encontraba la señorita y la saludó con gusto, y le prometió que si tenía fe, Dios muy pronto cambiaría su vida. La joven al ver al predicador se llenó de admiración por él y tiempo después se encontraba totalmente enamorada, y era bien correspondida. Un año después, el predicador y la señorita paralítica se casaron; para sorpresa y maravilla de todos, la jovencita, hermosa novia, entró caminando a la iglesia, ya no era más una paralítica.
            Años después, la familia ya estaba formada por cinco personas, las bendiciones de Dios se derramaban sobre ellos.
            Ese hombre, una vez ateo, y esa mujer, una vez perdida, han dedicado su vida completa a predicar el amor de Dios, y han logrado que cientos de personas comprendan y sigan por los extraños caminos de Dios...      

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